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lunes, 16 de abril de 2018

La idea (relato corto)

Aquella mañana de mayo, la plaza se llenó de gente que con razón se quejaba. Se reunió en asamblea el Consejo de ancianos; necesitaban acallar las voces discrepantes, el sistema siempre había funcionado así, y por mucho que el pueblo protestara, no iban a dejar el poder en manos de gente díscola. Salieron de la choza y ordenaron a los guerreros que callaran a todos, porque el Consejo tenía que comunicarles su decisión. Estos, hablaron de la precariedad de la cosecha e insinuaron que una parte de la tribu, no estaba siendo honesta y que se guardaban parte de los alimentos comunes para ellos solos. La tribu les miró entre asustados y sorprendidos. Los ancianos pidieron una semana para investigar y todos estuvieron de acuerdo. Los días pasaron y el séptimo día, los ancianos, dijeron que eran los más jóvenes los causantes de la precaria situación, pero no porque robaran, si no, porque no trabajaban bastante. Inmediatamente un grupo de jóvenes alzó la voz, estaban airados, cómo osaban acusarlos; ellos habían pedido herramientas, pero los adultos no las entregaron, tenían que trabajar con las manos, lo que resultaba una tarea imposible. Los adultos se defendieron, sois vosotros los ancianos los culpables, no nos mostráis la sabiduría para poder fabricarás. La disputa continuaba, no había visos de una solución próxima. Una noche, los ancianos trataron un plan, porque no invertir los papales; que los jóvenes inventen herramientas, que los ancianos las fabriquen y que los adultos trabajen la tierra. Al día siguiente, reunieron a la tribu y les comunicaron la decisión; pero hasta que los jóvenes hubiesen diseñado las herramientas todo seguiría igual. De inmediato los jóvenes estuvieron de acuerdo, trabajaban con ahínco durante el día y por la noche diseñaron las nuevas herramientas. Pronto comenzó a haber prosperidad, pero no por las herramientas, que nunca se fabricaron, sino porque todo siguió igual, aunque sin protestas. Las generaciones fueron pasando y cada dos o tres de ellas, se producían temporadas de escasez, se despertaban las protestas y una y otra vez se tomaba aquella antigua idea de invertir los papeles.
Fin

Rafa Marín

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