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viernes, 29 de noviembre de 2019

El ternero (relato corto)


Se afanaba con el cuchillo, mirando a derecha e izquierda constantemente. Se podría decir que de su celeridad dependía la cena de hoy y la comida de mañana. A lo lejos, una pareja de la guardia civil, se recortaba sobre la loma.

Sonrió satisfecho, desde allí no podían verlo.

A lo lejos, más allá de la curva que describían las vías del ferrocarril, sonó un largo pitido. Con presurosas manos, guardó su botín en el saco de arpillera y se lo echó a la espalda. Miró desolado lo que allí quedaba, para cuando volviera, no podría aprovechar nada.

Descendió el bancal y se perdió entre los chopos que flanqueaban la corriente mansa del río.



Algunos meses antes.



La vida por aquel entonces, no es que fuera dura, simplemente distaba mucho de ser vida. La muerte de su madre y la repentina desaparición de su padre, los había dejado a merced de su propio instinto. Él y sus dos hermanas más pequeñas, asumieron el trabajo de la granja: cuatro gallinas, un cerdo, una vaca con ternero y un huerto pelado ya de sus viandas.

Azada en mano y poniendo en práctica lo que había aprendido, se esforzaba en su necesidad, más por amor a sus hermanas que por el gusto de hacerlo, trabajaba de sol a sol, tenía 10 años.

Los días pasaban, lentos y agotadores, pero nunca fue de dar un paso atrás.  Como vivían lejos del pueblo, nadie se preocupó por ellos o su bienestar, la distancia es siempre la mejor de las excusas.

El huerto, quizás apiadada la tierra por tanto sudor infantil, fue generoso y no faltaban a la mesa, tomates, lechugas, pimientos y demás hortalizas de temporada.

Las gallinas ponían huevos, pero no aumentaba el gallinero, así que el chico, decidió tomar prestado un gallo, por unos días se dijo, mientras volvía a la carrera con el emplumado macho en una talega.

Se acercaba el otoño y con él las lluvias y el frío, así que, hacha en mano, cada noche se dedicaba a desramar todo árbol grande en el que durante el día se había fijado.

Olivos, alcornoques, chopos, pinos y traviesas de la vía o de las cercas que guardaban las grandes manadas de vacas bravas que circundaban su pequeña propiedad.

Una mañana, amaneció con una capa de escarcha que cubría el pequeño campo de alfalfa, miró al establo y se sintió con ganas de jugar, así que soltó al ternero y comenzó a correr a su lado. Estaba tan ensimismado, que volvió a ser niño. Sus pasos lo guiaron junto con el ternero hasta la vereda que discurría escuálida junto a las vías del tren. Sólo cuando sonó el pitido tomó conciencia. El ternero se había puesto a ramonear la verdolaga y la espinaca que crecía en el balasto. Corrió hasta el animal, pero este asustado por el crujir de los rieles, emprendió una alocada fuga hacia la curva por la que estaba a punto de aparecer el tren. Sucedió lo inevitable.

El tren se detuvo con el ternero bajo sí, un hombretón bajó de él y entre maldiciones tiró de una pata del vacuno muerto. Luego desde uno de los postes efectuó una llamada, comunicaba el accidente.

Las palabras Guardia Civil y denuncia, resonaban en su cabeza cuando el tren se alejaba.

Corrió a la casa y regresó, con un gran cuchillo y un saco. Pese a la desgracia, el hambre no entiende de sentimentalismos.



Fin

Rafa Marín 


miércoles, 27 de noviembre de 2019

Cansancio

Estoy cansado,
paseos sin destinos,
junto a la orilla del mar.
Estoy cansado,
torpes ojos lastimados,
no me pueden ayudar.
Estoy cansado,
de pitidos en mis oídos,
incesante rugido que callar.
Estoy cansado,
de los días sin tregua
y esta locura de boca,
que no se quiere callar.
Cansado, cansado, cansado.

Rafa Marín 

La verdad de mi boca

La verdad que me devora,
maldita distancia cruel,
ya está llorando mi boca,
por lo que de ti quiero saber.
Escondidos en un rincón con copa,
un piano y quien sabe qué.
Vendrán después ideas locas?
Quizás quitarte la ropa y,
poner mil besos sobre tu piel.
Si, mi voz tu nombre no nombra,
estas cosas del querer,
que si por mi fuera,
a tu ventana corría ahora,
para volverte del revés.
Cuerpo que imagino de ánfora,
donde calmar mi insaciable sed.

Rafa Marín 

martes, 26 de noviembre de 2019

Una historia (relato corto)


Apenas levantaba un metro veinte del suelo, pero estaba harto de que le pegara a su madre y a él. Sabía dónde estaba la escopeta y sabía que todo acabaría aquella noche. Con miedo y con sigilo, tomó la escopeta y la cargo, levanto el arma y apuntó. Luego, llorando en silencio, dejó de apuntar, salió del cuarto y dejo la escopeta en su sitio.

Si hubiera disparado, su madre habría sido alcanzada por las postas, quizás otro día se presente la ocasión.

Su vida y las palizas continuaron, muy a su pesar. Pero el trabajo y los años, poco a poco, fueron dándole esa insolente dureza de quien ya nada teme.

Al cumplir los catorce, su padre, como otra tarde cualquiera, llego, henchido de furia, empapado en alcohol y con ganas de fiesta.

El niño, adivinó con solo levantar la mirada todo lo que se avecinaba. Estaba cansado de aguantar, en su interior se dijo basta y asumiendo que la paliza sería inevitable, se colocó entre su padre y su madre.

- ¿Qué? Le espetó su padre. - ¿Tú también quieres lo tuyo?

Miro a su padre y sonriendo, apretó los puños.

- Lo de pegar a mi madre se ha terminado.

Se sorprendió por la frialdad que le embargaba, se sentía fuerte y delante de él, sólo había un viejo borracho.

Su padre se abalanzó decidido y seguro, no esperaba que un niño lo detuviera.

Fue su principal error, el niño ya no era un niño, sino un pequeño hombre, duro como la piedra y dispuesto a todo.

Cuando fue rechazado en su acometida, el padre se volvió ciego; su segundo error.

El chico conocía todos los movimientos de su padre y sus puntos flacos. Atacó.

Tras un breve pero preciso aluvión de golpes, el padre quedó tumbado, sorprendido, humillado...

La sucesión de acontecimientos le desbordó. Policía, familiares que no sabían, un juez más aburrido que justo y después el castigo legal. Nada le importó. Su padre no volvió a pegar a su madre. Había merecido la pena.

Dejó pasar algún tiempo, y transcurridos dos años, se fugó del centro y escapó de su país. Llegó el hambre, pero la sensación de libertad, compensaba las privaciones. Llamaba con regularidad a su madre, más por tranquilizarla que por necesidad.

Al cumplir la mayoría de edad, decidió volver, ahora era legalmente dueño de su vida.



Fin

Rafa Marín 


Irene

Siempre tan paciente y callada,
a veces para mi casi ausente,
porque de ti, casi no se nada.
Pero aquí estamos, para despedirte
y en unas pocas letras rimadas,
desearte paz de todo corazón.
No te supe ver cuando trabajabas,
en ese mostrador sin alma,
en el que hacías tu gran labor,
siempre para mis ojos de espaldas.

Con mis mejores deseos.
Rafa Marín 

Infatigable compañera

Infatigable compañera,
de estos puertos de secano,
siempre lista para la guerra,
en la que el pan nos ganamos.
Tan menuda y tan inquieta,
con tu presencia esta estación,
siempre estuvo en buenas manos.
Hoy te decimos los presentes,
ánimo Pilar, ahora tuyo es,
el descanso de este bregar,
que cada día nos quita el tiempo.
En los amaneceres que llegarán,
en tus ojos seremos recuerdos:
así que conserva los buenos
y deja los malos atrás.

Con cariño.
Rafa Marín 

lunes, 25 de noviembre de 2019

Adiós mamá.

Nos sorprendió la noche,
la suerte te vino a buscar,
para llevarte muy lejos.
¿Qué podria decirte mamá,
sin que las lágrimas bañen mis ojos?
Aún siento tus manos temblar,
cuando presa de tu afán,
nos preparabas el desayuno.
Ahora que ya no volverás, 
quiero recodar los felices momentos;
con esa disposición natural,
para dar amor a tus nietos.
No quiero entretenerte mamá,
la vida tiene esos encuentros,
nosotros nos quedamos atrás,
mientras tu te marchas muy lejos.


In memoriam

Rafa Marín 





domingo, 24 de noviembre de 2019

Como duele

Como duele no poder olerte,
no saber de ese perfume,
que tras el lóbulo de tu oreja,
con tu pelo se funde.
Como duele no llevar,
de carmín tu tatuaje,
cual bandera que reluce
en mi camisa y me delata.
Como duele de ti no ser contable,
para con mil suspiros perderme,
dentro de tu piel y sus dorados.

Rafa Marín 

Agotada

Por mil soles agotada,
vida que nunca fue noble,
cayó entre los rojos robles,
que asoman por la muralla.
Nadie la tapo de la escarcha,
que hoy cubre su espalda.
No fuiste mala, no llores,
porque pasan todos los dolores,
cuando la vida se acaba.
Ahora que tu cuerpo descansa,
entre estas maderas pobres,
que serán cenizas en la mañana,
de tu recuerdo haré los sones,
que cantarán miles de gargantas.

Rafa Marín 

En estas sombras

En estas sombras que despiertan
sobre las hojas del parque,
lágrimas de tinta y el miedo a no ser.
Dibuja mi memoria renglones
que nunca serán papel.
Ora tenue canto,
ora grito cruel,
me he muerto hace tanto... 
Ya nadie me llora,
ni mi alma recuerda el ayer.

Rafa Marín 

No puedo escribir

No puedo escribir lo que ya es.
Su mirada encendida, su boca golosa,
sus manos inquietas sobre mi torso.
No puedo escribir lo que ya es.
Sus caderas suaves, sus pechos que bailan,
su ser que me goza, encendida pasión.
No puedo escribir lo que ya es.
Su mente perversa, su risa de niña,
este amor que todo lo es.

Rafa Marín 

sábado, 23 de noviembre de 2019

Temblaba

Apoyado en la pared temblaba,
como solo puede temblar un flan,
en mitad de un terremoto.
Recuerdo su mirada perdida
y su cámara sacando fotos.
Era mayor y no hablaba,
más viejo que nosotros,
pero inquieto nos miraba,
como si fuéramos monstruos.
La risa de las muchachas,
tan brillantes como el oro,
pero él sólo temblaba.
Saltan al aire los escombros,
los que reímos somos nosotros,
es una ciudad en guerra,
y va a acabar con todos.

Rafa Marín 

Una mañana de otoño

Con las manos temblando
y el alma encogida,
como un perrillo atado
al pie de una carretera;
así me encontró.
Con la boca muda
y una historia que contar.
Saciado de sangre y odio,
cansado de vivir y de esperar.
Fue una mañana de otoño
y por vez primera,
no estaba junto al mar.

Rafa Marín 

Calvario de esquina

En esa esquina perdida,
donde la cera cruje al pisar,
hay una cama extendida,
cuatro cartones nada más.
Un joven que de frío tirita y,
una madre no para de llorar.
El azahar que al amor invita,
la luna en su santo portal.
Salen de entre las sombras,
jauría de sangre sedienta,
soeces labios los nombran,
noche de agonía perfecta.
No importa que ellos corran,
madre e hijo morirán igual.
Los matan frente a la iglesia,
cuatro calles más allá,
al fondo los tambores redoblan,
es la fe que pide cantar.
La madre que ya no llora,
levanta las manos para implorar,
la justicia que nunca llegará.
Todo pasó en esa esquina,
que los capirotes ignoran.
Mientras mecen a la virgen,
una madre a los asesinos de su hijo 
sobre la cera fundida implora.

Rafa Marín 

Tu oscuridad

Tu oscuridad,
es un silencio,
escondido en la piedra,
como un desfiladero,
que envejece sin eco.
Un reloj que se olvidó
de medir el tiempo.
Tu oscuridad,
los pasillos perdidos
de un frío cementerio,
lápidas sin nombre,
bordadas con hierro.
Tu oscuridad,
velas en alta mar que,
se quedaron sin viento
en mares sin olas;
una playa en el desierto.
Tu oscuridad...
Tan densa y tan altiva,
tan llena de mis miedos.

Rafa Marín 

viernes, 22 de noviembre de 2019

Bajo estos cielos

Bajo estos cielos
de la insensatez,
tantas horas perdidas,
sin espejos donde poderse ver.
Sobre este albero,
camino sin su Alicia,
piedras sin dueño,
soledad entre la noche
y el cruel amanecer.
Voy, más por inercia,
que por querer,
quemando primero las suelas,
para quemar luego los pies.

Rafa Marín 

Un puente (relato corto)


A lo lejos lo vio, una tosca y negra estructura de hierro. Apenas medio metro más ancho que el tren que lo cruzaba.

Situado sobre la angosta garganta, separaba más que unía a los dos países. Fue el fruto de una amistad ya olvidada, un mudo testigo de la falta de voluntad de los hombres.

Tanto a un extremo como al otro, sendos cementerios homenajeaban a los que perdieron su vida para dar vida a su intención.

Podría decirse, que su principio y su final, estaban coronados por la muerte.

Desenvolvió la manta de viaje, su eterna compañera, la extendió en el suelo y fue colocando sobre ella el material que iba a utilizar.

La orden fue clara, no debía quedar en pie, sin posibilidad de una reparación rápida y sin dudas sobre quien lo hacía.

La noche se acercaba, con la lentitud con la que llegan las hojas al meandro al final del verano.

Estudió las columnas y cuál era la manera más fácil para la voladura. No tenía prisa, no sería la urgencia quien hiciera fallar la explosión.

Durante la noche fue transportando las cajas de C-4, ocultándolas de miradas indiscretas, fue una noche larga y fatigosa, pero la línea gris del horizonte le sorprendió a la vez que le hizo sonreír.

Tapó todo con la red de camuflaje, destapó la pequeña trinchera y se acostó en ella, se tapó y durmió, como duermen las gacelas o los pájaros bajo la lluvia, con esa sensación de que alguien le atacará.

El día va pasando, la ansiedad aumenta y mirando desde su escondite los ve venir. Son un pequeño grupo de jóvenes, chicas y chicos que ríen felices.

Se asusta y salta fuera, con una pistola en la mano y un grito en la boca.

No oye el disparo, nadie lo oye. Los chicos huyen gritando, han visto a un hombre salir de la nada, armado. Nadie vuelve la cabeza, solo corren gritando.

Al día siguiente, la policía recorre la zona, no encuentra nada, sólo un pequeño hueco en el suelo y tierra removida.

Entregan el informe e inmediatamente, el ejército ocupa el lugar.

Del otro lado del puente llegan los sonidos de camiones. Son como una advertencia, no nos iremos de aquí.

El puente sigue en pie, ahora, semi oculto por la niebla, parece más triste y abandonado.



Fin

Rafa Marín 

jueves, 21 de noviembre de 2019

Ser

Ser entre las veredas,
uno más.
y por eso no querer,
de esta funesta causa,
rama que a de prender,
en el fuego de tu casa.
Porque sin nada entender,
quiso la vida que pasa,
quizás para mi aprender,
darme una de bala rasa
y en este mar perecer,
por ti y por las alas,
de una mujer que aguanta,
de mi boca este saber que,
por no ser amadas mueren,
las más hermosas hadas.

Rafa Marín 

Hoy

Hoy,
mientras caminaba,
vi el romero en flor
y las hojas de la carrasca,
con un verde que brillaba.
Los pinos achaparrados
y a lo lejos,
una ciudad que despertaba.
Hoy,
sentí en mis huesos,
la necesidad que me llamaba.
La brisa que me acompaña me trajo tu recuerdo,
despertando una lágrima.
Hoy,
quise marcharme lejos,
allí donde duermen las hadas,
pero no había un espejo,
que quisiera mi alma.

Rafa Marín 

domingo, 17 de noviembre de 2019

Rocío

De entre la nada apareces,
como una llama que no arde,
aunque bajo el sol eres todo brillo.
Cubres con tu estar flores,
briznas y hasta el plumaje
de los pájaros dormidos.
Eres a veces minúscula gota
y otras un mar en la pradera.
Eres tan sutil que,
te pusieron por nombre Rocío.

Rafa Marín 

Miro tus ojos

Miro porque la curiosidad me llama,
el fondo de tus ojos dorados,
ese ron que calienta mi garganta.
Me dices si con la mirada
y tus manos trémulas,
son la vida que a mí se abraza.
Ya no hay en mi diario desatinos,
ni viejas calles en llamas.
Sólo este mar tranquilo,
de cálidas y mansas aguas.

Rafa Marín 

La película (relato corto)


Joker, El irlandés.

Son las 6 y media y me preparo para ir al cine, llevo toda la semana esperando para ver la película. JOCKER.

En Sitges solo hay 2 cines, uno está a un paso de casa, el otro a 2. Hace frío y salgo bien abrigado, después de la película he quedado para cenar con mi mujer, el crío y unos amigos, tenemos mesa para las 9, llegaré tarde, pero se me consiente, son los mejores.

Como decía, voy camino del cine, y, ¡joder! No tengo tabaco.

Me acerco a un estanco y me proveo de un par de cajetillas, me siento feliz y confiado cuando enciendo un pitillo.

Estoy en la calle Jesús, derecha o izquierda, hace frío, miro a la derecha, y me acuerdo de la película.

Curiosamente, no sé como catalogarlo, soy incapaz de recordar cuál de los cines es cada uno. Y eso que llevo casi 19 años viviendo en el pueblo, pero hace frío y ya estoy ...justo de tiempo.

Doblo una esquina y veo gente, me temo que no va a haber entradas, sorteo con habilidad a los presentes y veo que la taquilla está sin cola.

- Un adulto, por favor.

- Hola, Rafa. Me contesta la taquillera, te va a gustar.

Llamo a mi mujer, pero no me contesta.

Aparece el acomodador y la gente comienza a entrar, mi mujer me llama, justo ahora, la despacho rápido.

- Cariño, estoy entrando en la sala. Para mí, pide pescado, ya sabes amor, que sea salmón o atún.

- Ya me dices como es la película. Dice mi hermana que es fuerte, ya sabes no te contagies con el JOKER.

Me gusta estar cerca de la pantalla, 6° o 7° fila, pero hay mucha gente y tiene que ser la 4°.

Me siento y enseguida me rodean señoras y señores, todo son abrigos y charlas despreocupadas.

Saco el móvil, me quiero asegurar de inmortalizar el momento.

Joder! Solo me queda el 5 % de batería. 

Pongo el ahorro máximo, lo llevo las gafas de cerca y trasteo para buscarlas, se apagan las luces, se me cae el abrigo, el sombrero, las gafas y el teléfono. 

Como buenamente puedo, recojo todo, las putas gafas, no las encuentro.

La película está empezando, las voces son en inglés, encuentro las gafas y agachado aún configuro el teléfono, no quiero quedarme sin batería.

Por fin me arrellanó en el asiento.

Pero qué coño!, se ve un camión de los años 50.

Muy educadamente, pregunto a la señora de mi izquierda.

- ¿No daban Joker?

Me mira y me pregunta a su vez.

- ¿Entra a un cine sin mirar la cartelera?

No contesto

Un par de filas detrás, un chico y una chica, parlotean divertidos.

-shhh, shhh, shhh

Hay tantos shhh, que parece un escape de gas, pero la parejita no calla.

Me levanto y digo.

- ¿Por qué no os vais al puto bar? Seguro que estaréis más cómodos allí.

Se callan.

La película me atrapa, Robert De Niro, me fascina. Su movimiento de cabeza, la inquietante expresividad de su rostro inmutable. Bueno, ya me he olvidado del puto JOKER.

De repente, el teléfono comienza a vibrar en mi bolsillo. 

Lo dejo, me encanta ver la mirada de la señora de mi izquierda.

Al poco, otra vez, y otra y otra ...

Me pongo nervioso, no lo puedo apagar, no tiene botón, se le cayó hace como un año y no llevo encima el trozo de plástico con el que me apaño.

Lo saco y agachado en mi asiento y como puedo, envió un WhatsApp ...

- Estoy en el cine.

No sé qué hora es, pero calculo que sobre las nueve y media, debe de estar a punto de acabar la película.

Las llamadas se prodigan sin cesar y la mujer de al lado suspira resignada mirándome.

Estoy tentado a responder, pero después del espectáculo que lié al principio, no me apetece discutir con la parejita de detrás. 

Termina la película y trato de contestar a las llamadas, son casi 40, me pongo muy nervioso.

Llamo a mi mujer, nada. A mi cuñada, a Paco a Irene, José...

Ya en la calle, me llama Paco.

- ¿Dónde cojones te metes?

- Acabo de salir del cine, qué pasa?

- Tu mujer está muy nerviosa y no para de llorar.

- Dónde está, dile que se ponga.

- Tú, quédate dónde estás, voy a buscarte.

- Y una mierda, que me digas que pasa.

Salgo corriendo para.
 el restaurante, el teléfono vibra en mis manos, es mi mujer.

- Dime, cariño, estáis bien?

- ¡Rafa!

- ¿Qué pasa, amor?

- ¿Estás bien? Estaba muy preocupada.

Llego a la calle del restaurante, mi hijo corre hacia mí.

- Papi! Grita de lejos,

Me abraza y yo me siento perdido, confuso y muy nervioso.

Sale mi mujer y me mira, tiene los ojos llorosos.

- ¿Qué pasa? Le pregunto, con suavidad.

- ¿Se puede saber a qué coño de cine has ido?

- ¿Está todo bien?

Aún no sé qué está pasando.

Ella me mira y me abraza, muy fuerte y al parecer feliz. Da un paso atrás.

- Pensé que te había pasado algo.

Le refiero la conversación con Paco, ella me mira.

Sonríe y me dice, estás bien y eso es importante.

Me alargan una caja con una pizza de salmón y una lata de cerveza.

Vamos a tomar algo, dice alguien.

Mientras me como la pizza por la calle, me refiere mi cuñada, que An pensó que me había deprimido con la película o que me había secuestrado, detenido, asesinado y no sé cuantas cosas más.

Ahora estoy pensando en ella, la cama está deshecha y duerme sonriente.

Anoche, tuve que prometer que nunca iría solo al cine.





Fin

Rafa Marín 




viernes, 15 de noviembre de 2019

Llega la noche

Llega la noche infinita,
cargada de tantos dolores,
pesadillas que agitan,
mi alma entre reproches.
Sólo hay paz de pastillas,
en su silencio que me acogen,
porque mi boca lo grita
y no quiero que tú llores.
Llega la noche bendita
y de tus manos su roce,
que con su paz me invitan,
para que mis ojos no lloren.

Rafa Marín 

Entre el frío

Entre el frío y la lluvia,
se despiertan ausentes,
son saladas alas blancas,
que mojan mi mirada.
Sueños atrapados en un cristal,
carencias entre silencios,
quién lo podría escuchar.
Sólo es el gemido triste del viento,
que el las esquinas quiere jugar.
Paro, para sentir la llama
de un cigarrillo entre mis manos,
compartirlo y volar,
hacia el infinito de los cielos,
pero tú, a mi lado no estás.

Rafa Marín 

Al olivo

Al olivo mil lágrimas de cristal,
ramas que son olvido.
¿De qué sirve recordar,
si entre sus frutos marchitos,
se coló la necesidad?
¡Ay! Las noches de duro frío,
tus manos que son un lodazal,
siempre llenas de castigo.
Nunca se cansaron de mendigar,
el perdón de los que no vivimos.
Encumbraron tu funeral y,
te llevaron al cielo de los malditos,
no sirve de nada, todo da igual.
Entre mis ojos ya vacíos,
sólo eres aquel muerto sin paz.

Rafa Marín 

martes, 12 de noviembre de 2019

El pago (relato corto)


Sobre la despoblada loma se recorta, es una sombra bajo la luz de la luna, oscura y misteriosa como una gruta, a la luz del mediodía.

El camino que lleva hasta ella, se ve cortado por una valla de metal; cientos de lanzas unidas, con un cartel que dice "NO PASAR"

Miras, pero cuando estás a punto de darte la vuelta, un chirrido te hace temblar y una luz en una ventana se ilumina, como un faro en alta mar.

Empujas indeciso la enorme cancela y caminas hasta la puerta principal, que abierta espera. El misterioso salón que profanas sin pensar, se llena de gritos y susurros. Son las almas en pena que vienen y te quieren con ellas llevar.

No hay nadie en la estancia, pero tú escuchas su voces y sin encontrar otra salida, por las escaleras comienzas a trepar.

El pasillo de alfombra verde y penumbras, de paredes desnudas y puertas de madera, se te antoja largo y siniestro, pero a la mitad, una rendija, deja luz escapar.

Sabes que algo o alguien al otro lado espera. Temes que sea la perdición sin más y afianzas la mano sobre el pomo y lo haces girar. El tenue chasquido te sobresalta, es el destino que te deja pasar.

La habitación, a la tenue luz de unas velas, tiene rincones oscuros y una cama sobre la que pálida ella descansa. Desnuda y atrayente, quizás súcubo o tal vez pantera, que sonríe satisfecha.

Levanta una mano, la diestra y con gesto, entre lento e insistente, señala un hueco a su lado. 

Sus labios de sangre y su herida expuesta, el pozo de su mirada y tu deseo que tembloroso, a su lado te lleva. Temes que sea el final, pero ya nada importa y entre susurros y jadeos, la oscuridad te llega.

La luz brillante del amanecer entra por la ventana de par en par abierta, te acompaña tu soledad y un vago recuerdo. Alrededor, todo es reluciente vil metal, quizás el pago por tu osadía, quizás un premio por llevarla hasta el final.



Fin

Rafa Marín 


En este mar

En este mar de solitarias letras,
atrapadas en una urna de cristal,
brisa que a tus labios no llega,
una condena que no tiene final.
En este erial de las sospechas,
si acaso, con alguna verdad,
entran en juego las promesas,
que sabes que nunca se cumplirán
 Noches de insomnio inciertas,
caracolas que te traen el mar
y en los oídos, cantos de sirena,
anunciando paraísos sin final.
Cuando la muerte está tan cerca,
que sólo tienes ganas de gritar,
alguien a tu lado despierta,
haciendo del infierno la ansiada paz.

Rafa Marín 

lunes, 11 de noviembre de 2019

España

Esta noche la maldad ronda,
con sus negros nubarrones,
la paz entre antorchas se lleva.
Estallan los vivas, al muerto
y a la muerte, el pueblo implora,
con fervorosa potencia.
¿Todo se ha perdido?
La esperanza no para a las fieras.
Ven dulce muerte, ven;
que aún nos queda conciencia.
¡Ay! España, que tanto me dueles.
¿Dónde están tu alma y esencia?
En tus pueblos los odios nacen,
como en el barbecho las hierbas,
todas de infértil verde,
todas de amargura estéril.

Rafa Marín 

domingo, 10 de noviembre de 2019

Di

Di, tú que eres un corazón,
que en su soledad espera.
¿Querrás algo más que mi voz?
¿Tal vez, que beba la miel,
que en tus labios macera?
Si por azar, tú, diosa,
tu piel a mis manos acercas.
No tengas piedad
y hazme sentir de ese infierno,
la dicha de mil condenas.

Rafa Marín 

sábado, 9 de noviembre de 2019

Eres tú

La fuerza del rayo,
recorre las yemas de mis dedos,
al deslizarlos sobre tu piel.
Es tan poderosa,
que me obliga a retirarlos,
porque mi alma se quema,
como la leña del viejo olivo,
mezclada con la trementina,
que emaba de tus labios.
Así siento, que como morir,
entre lamentos.

Rafa Marín 

Añoranza

Sólo te puedo añorar,
¿dónde quedaron aquellos momentos?
Ya sé que no volverás,
porque la vida te hizo viento,
amaneceres y luz lunar,
que doloroso es tu recuerdo.
Así que, seguiré sin más,
escondido en mi agujero,
esperando oír tu voz sonar,
como el arroyo calla
en los meandros.

Rafa Marín 

De qué sirve

De qué nos sirve esperar,
tiempo perdido en la nada,
la eterna noche nos alcanzará,
como las nubes a las montañas.
Se olvidan las olas del mar,
se pierde tu voz sin destino,
por qué tengo que cantar,
si ya dejé de ser tu camino.
En la plaza vuelve a nevar,
eso fue lo que quisimos.

Rafa Marín 

Al caer la tarde

La tarde de oscuridad cayó,
entre silencios y pantomimas,
cubiertas por el cartón.
No quiso saber por qué
la sombra se alargó,
ni del frío en las esquinas.
El agua que mojó su lecho,
fue ayer una bendición
y hoy es solo otra desdicha,
que el camino le entregó.
¡AY! Que pobre es mi corazón,
que no cabe en mi camisa.
La tarde, ese silencio  que,
entre miedos mi voz calló,
olvidado jardín de tus delicias.
Ya no busco mi perdición,
sólo quiero la paz de las malvas,
la risa del arroyo y si tú me invitas,
un café sin reproches,
que ya aprendí de otras sonrisas.

Rafa Marín 

viernes, 8 de noviembre de 2019

Transformación (relato corto)


Antes de contar mi historia, he de decirles que, para suerte de este planeta, yo no soy en términos generales, lo que todos conocen como un ser humano. Procedo de otro planeta, que está situado a cientos de años luz del sistema estelar que hoy me acoge.

Todo empezó hace mucho, por aquel entonces, toda nuestra sociedad vivía una época de paz y armonía, era todo perfecto, salvo por los monstruos que creamos a base de autocomplacencia.

La paz social se desvaneció con un espejismo al fresco del atardecer, todo se volvió un caos y se buscaron planetas a los que desplazar la violencia.

Así fue como me vi embarcado en esta aventura que está por cumplir su 140° milenio.  Se me asignó una nave y la misión de expandir la vida inteligente, todo con el único fin de reclutar después carne de cañón para nuestras disputas.

La llegada.

Tras un largo viaje, en el que dejamos en manos de la suerte su final, el sistema de mantenimiento de vida nos "despertó" a tan solo un año de nuestro destino. Aunque la verdad velocidad de nuestro transporte era superior a la de la luz, necesitábamos tiempo para preparar nuestros experimentos.

Desde la distancia me pareció un mundo bello, pero al tocar tierra, descubrí su verdadera belleza, había seres inteligentes, pero no civilización, me sentí por primera vez un ser despreciable. Estábamos a punto de destruir lo más hermoso que jamás había visto.

El plan supremo se puso en marcha al día siguiente de nuestra llegada. Pero como todos los planes diseñados por nuestros líderes, necesitaría tiempo y discreción. Secuestramos a una hembra embarazada e insertamos en su feto, aún en su 1° semana una proteína que elevaría su inteligencia de forma imperceptible, pero imparable.

La orden de no intervenir y dejar que todo siguiera su ritmo, fue tan recalcada, que nos limitamos a vigilar a la mujer, pero siendo ajenos a su suerte y la del bebé que portaba; fue devorada por un león poco tiempo después.

Decidimos entonces, buscar en otro emplazamiento, con un entorno menos peligroso. Así que nos desplazamos al norte, lejos de las sabanas y sus predadores.

Tardamos algún tiempo en encontrar otra hembra, con menos de 3 semanas de gestación, pero ahí estaba. Una joven de piel morena y de unos 14 años; madre e hijo murieron en el parto.

Tras algunos intentos fallidos más, por fin un niño nació, fuerte y sano.

Su vida transcurría tranquila y próspera, nos sentíamos felices. Era inteligente al nivel necesario para nuestros propios intereses, pronto empezó a destacar sobre los demás; fue asesinado por el jefe de su tribu, en un arranque de violencia injustificada.

Al entender que en aquella zona, los jefes tribales eran, cuando menos violentos e impredecibles.

Así que, abandonamos aquella próspera región y nos dirigimos al este.

Fueron pasando los años y por diversas causas, todos y cada una de las personas que elegimos para nuestra causa, morían antes de llegar a la edad adulta.

Aquella consigna inviolable, era un hándicap, pero al parecer muy necesaria.

Tras miles y miles de intentos, todos fallidos, al fin hemos descubierto que esta raza de seres humanos que habitáis este planeta, nunca conseguiréis de manera artificial el nivel de inteligencia que requerimos.

Claro está que lo seguiremos intentando, pero hasta nosotros tenemos fecha de caducidad, ya nos sentimos viejos y cansados.

En el fondo me alegro de esta situación, porque en caso de que alcancemos el éxito en nuestra misión, este planeta estará acabado.

Para ser honesto, tuvimos un par de logros, pero estos murieron sin descendientes, fueron Julio Cesar y Adolf Hitler.

Os deseo la mejor suerte del universo, pues ya saben la suerte que les espera.



Fin

Rafa Marín 



martes, 5 de noviembre de 2019

Deseo

En su embate sin final,
rugen las olas blancas
y el viento en tu falda rola.
Cómo hacerlos callar,
si son la voz de mis sentimientos.
Ora brillo, espuma de mar,
ora silbido en el recoveco.
Todo me invita a dejarme llevar,
cometa sin alas en los cielos,
trazo feliz y un instante de paz.

Rafa Marín 

lunes, 4 de noviembre de 2019

Cementerios

Cementerios de altas tapias,
que no dejan mirar al mar;
de antiguas tumbas olvidadas
y nichos de primavera eterna.
Esos de sombras enquistadas,
con su tristeza perpetua,
jugando con la eternidad.
Los visito y medro en su fragilidad,
entre los silencios que orquestan,
las aves que sus aleros esquivan,
como los mirlos sus ramas yermas.
Cementerios de ciudad perdida,
entre las arenas que no tienen,
ni pasado ni ganas de recordar.
Allí donde no crece el musgo,
donde todo es blancura sin piedad,
caminos ordenados y gravilla,
que no suena bajo las pisadas.
Cementerios, pulcros y cuidados,
en los que habita esa hipócrita,
deslealtad de quienes los visitan.

Rafa Marín