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miércoles, 20 de febrero de 2019

Mar oscuro

De este mar oscuro emergen,
como las almas de los marineros,
muertos tus ayes.
Un, ¿qué quieres? escapa;
no se llevar mi cuerpo,
más que de mí cama
al futuro incierto,
de cuatro luces apagadas,
en el faro de los desconciertos.
Soy como esa puta pagada,
no se de amores ni aciertos.

Rafa Marín

Me asomo

A la fatal risa de tus miedos me asomo,
soy la escondida conciencia,
de mil males sin remedio.
De tu ayer,
¿qué queda, la tosca piel marchita,
el rojo atardecer que en tu fofa carne
dibuja el exceso de brandy?
Aún estoy viendo tu risa
y la vergüenza de quien;
para ti se volvió diana.
Has vertido tantas ajenas lágrimas,
que no siento piedad.
Son hoy esos jinetes,
los mismos que ayer tú boca azuzaba,
los mismos que hoy,
te escupen en la cara.

Rafa Marín

martes, 19 de febrero de 2019

Luna blanca

Limpia está en el cielo,
sobre el éter cabalga,
blanca su cara blanca,
siempre adiós diciendo.
Hoy hasta a los luceros,
con su grandeza acalla.
Blanca, ahí sin miedos,
mi boca a ella le canta.
No me mira y yo la quiero,
tan pura su cara blanca,
tapando con su luz al universo.
Blanca la quiero blanca,
Selene por nombre te dieron,
pero tú luces tan blanca,
como esa luna en el cielo.

Rafa Marín

Mis problemas

Todos mis problemas se sumergen,
en este frío baño de olvido;
él es quien siem6 me vence,
¿cómo luchar conmigo mismo?
Todos los problemas se desvanecen,
como en mi cabeza los sueños queridos.
Días, semanas, meses...
siempre fueron tiempo perdido.
Todos mis problemas,
una hiedra que solo crece y crece,
esta maldita raíz de mi ombligo.

Rafa Marín

El reflejo ( relato corto)

El espejo saltó en mil pedazos y su puño comenzó a sangrar. El reflejo distorsionado de sí le devolvió a la realidad.
Miró a la mujer desnuda sobre la cama deshecha y vio la profundidad de su triste mirada.
- ¿Por qué? Articuló a decir. - ¿Qué quieres de mí?
Por la mejilla de la mujer se deslizó una silenciosa lágrima.
Se sintió un monstruo, un ser despreciable. Permaneció un momento de pie y en silencio, como una estatua desnuda de Héctor herido por Aquiles.
Se acercó al galán y tomando su cartera, dejó junto a la mujer todo el dinero que contenía.
Ella musitó.
- No hace falta tanto.
Él no respondió, ya miraba ausente por la ventana.
Sin volverse, oyó como se vestía y el taconéo de sus pasos hasta la puerta.
No supo cuanto tiempo permaneció allí, junto a la ventana.
Anochecía cuando se volvió hacia la cama, sobre ella estaba su dinero. Noto la herida palpitante en su mano y un vacío en el pecho.
Se aseo y una vez vestido, salió a la noche.
Caminó sin rumbo y se detuvo frente a un escaparate, los ojos muertos de los maniquíes le recordaron su naturaleza. Sonrió tristemente y vago el resto de la noche.
Se despertaba ya el amanecer entre brillos y tráfico cuando se percató de que dos hombres le seguían.
Torció la esquina y se amagó en la entrada de una tienda, oyó a los hombres acercarse y mascullar al no verle.
Pasaron junto a él sin verle, miró su reflejo en el cristal y se iluminó un fuego en su mirada.
- ¡EH! Les gritó en la penumbra del callejón.
Despertó en la cama, tenía la boca pastosa y estaba bañado en sangre. En un principio no recorda ni quien era. Poco a poco su mente y sus recuerdos se aclararon.
Miro el espejo roto de la habitación y desafió al reflejo distorsionado que le miraba.
Sonaron golpes en la puerta.
Se acercó dócil, él lo hizo y debía entregarse.
Abrió y en el umbral estaba ella.
- Te quiero a ti, le espetó desafiante, y antes de que el pudiera responder, entró y lo arrastró a la cama ensangrentada.
Se dejó amar y amó, como si no hubiera un mañana, quizás no lo haya, se dijo mirando al espejo que reflejaba dos seres entrelazados, ella con alas blancas y él, con las suyas emplumadas de negro.

Fin
Rafa Marín

En tu pecho

En tu pecho que sangra,
entierras tus delicadas
y también duras garras.
De rojo sangre te salen,
pulidas y bien bañadas;
que dolorosa es tu pasión.
Ocultando risa y mirada,
muestra sólo medio sol.
AY! Corazón y tu guadaña,
matas de amor mi corazón;
cuando a tu voz engañas,
renegando de mi voz.
¿No son ciertas mis palabras?
Mira a mis ojos y dímelo,
pues tú no dudas nada,
y mil dudas tengo dentro yo.
Rafa Marín

Asomada a la ventana

Asomada a esta ventana,
seis rosas en la madrugada.
Rojas en su pasión.
Por el rocío están bañadas,
tan sublimes y delicadas,
que soñar es mi perdición.
Y aquí, más perdido que vivo,
moribundo sigo estando yo.
Mi faz al cristal pegada,
sin sentir el perfume
de cada bella flor.
Brilla este bendito sol,
ojos que son sólo miradas;
por una caricia reza mi corazón.
Rafa Marín

Hay una sed

Hay sed en el mundo,
en España también,
hasta en estas calles
que la lluvia baña.
Una sed de sinceridad,
libre de tanta patraña.
Una sed de vivir ahora,
sin miedo al mañana,
de mirar con la frente bien alta,
para decir que todo está bien.
Pero nada apaga esta sed;
cada día ellos la engañan,
disfrazando la verdad,
con soflamas a la grandeza.
Del peligro siempre hablan,
que se rompe esta unidad,
que no es unidad ni es nada,
porque no la dejan estar.
Rafa Marín

lunes, 18 de febrero de 2019

Yo te quiero

Yo te quiero en mi mirada,
como en la niebla castillo.
Tan vasto e inexpugnable,
tan fiero y tan bravío.
Yo te quiero en mi cama,
bellas puertas abiertas
y  ahora rastrillo caido,
de almenas orgullosas
y ojos de amor vencidos.
Te quiero sin nombre
y en tus soledades doña,
te quiero llamándome a gritos.
Te quiero llena de dudas,
entre mi dicha escondida,
también como sol y luna.
Rafa Marín

De ríos y montañas

Ancho y profundo río,
separando mis mitades;
torrentes llenos de frío,
cruzando las vastedades.
De este mundo no me fío,
lleno está de soledades,
a las alturas ahora miro,
están allí las verdades.
Las pura verde montaña,
que todo me lo ha dado,
ella nunca me engaña.
En la cima he encontrado,
paz que mi ser extraña
y que la gente a olvidado.
Rafa Marín

Trajo el amanecer

Trajo este amanecer,
otra dura despedida,
luz que quiso saber,
cosas de mi cruel vida.
Trajo quizás también,
una arrebolada mejilla,
que al poder comprender,
huyó por las esquinas.
Las verdades del ayer,
van dando por perdidas,
sueños al amanecer
y miradas de chiquilla.
Asomado a la madrugada,
quise ver sus ojos tiernos,
cuando la noche se acaba.
Ahí estaban los infiernos,
los que nunca se escapan,
los marcados al hierro.
Rafa Marín

Apareces

Apareces de entre la nada,
como la niebla en los campos;
pidiendo mi voz y mirada,
ocultándote a mis ojos.
¿Acaso debo buscarte?
De las montañas salí,
ya no me recordaba nadie.
Me pides que no te maltrate,
vienes pidiéndome tu paz,
sin que nadie te llame.
Ahora, ¿a que podemos jugar?
No soy mas que una voz parlante,
perdido en este frío lodazal.
Tú, cuando de verdad necesites,
pon la verdad y tu cara delante.
Se comunista y también amante,
ofrecerte sin velos inquietantes;
vienes de la nada otoñal,
eres la niebla en los campos,
un fantasma que quiere jugar.

Rafa Marín

domingo, 17 de febrero de 2019

Sobre la cama

Sobre la cama estoy tirado,
dueño quizás de esta razón,
que nadie nunca me ha dado.
Pienso cada día esto un montón,
cuando con nada he comulgado,
viviendo entre el dolor.
Aleluya! Aleluya! voy cantando,
mientras mis ojos amor,
de pena están llorando.
¿La verdad dónde quedó?
Quizás este rezando;
confundida entre el carbón,
de una larga noche de verano.
Ayer, cuando aún había perdón,
yo me negué a tender la mano;
preferí afrontar la maldición,
de tus ojos tristes y enamorados.

Rafa Marín

La cantera (relato corto)

El sol reverberaba sobre la cantera; un agujero grande y profundo, con paredes verticales de mármol blanco veteado. Allí, en lo más profundo, el cantero se afana a golpe de cincel, buscaba la pieza sin mácula, un trozo deslumbrante de metamórfica belleza.
Cada día, en su solitario tesón, martillaba sobre la roca, hora tras hora, perfilando líneas de ruptura y rezando por conseguir el más blanco mármol.
Pero el sol reverberaba y pegaba su visión, era tal la molestia que decidió no volver a bajar los días de sol.
Así, día tras día buscó, escusas primero y después solo hizo lo que creyó mejor.
Una tarde, cuando subía de su agujero profundo, la escala se partió. El cantero se precipitó al vacío y quedó allí, malherido.
La noche, se asomó a mirarlo y el se lamentaba, pero nadie acudió. Luego salió la luna y con su faz pálida iluminó un rincón olvidado por el cincel y la maza.
Los ojos delirantes del pobre cantero herido vieron la pureza de ese mármol que señaló Selene. Se arrastró y golpeó con delicadeza la piedra, por algún motivo olvidado, esta se le antojó dúctil y blanda, se afanó en su tarea y profundizó en la veta con ahínco y decisión. Al rallar el alba, un bloque de piedra cedió y arrastró con el a otro montón de bloques. El cantero quedó ahí, enterrado y olvidado en su cantera, abrazando a su piedra perfecta.
Cuentan, que la cantera se inundó y que al pobre desgraciado nadie lo echó en falta. Por eso sigue allí, en la profundidad abandonada de una cantera olvidada, pero abrazado a su piedra perfecta.
Que cada cual saque hoy su moraleja. Yo seguiré aquí, aferrado a mi luz cotidiana y diurna y a mi oscura soledad cuando se apaga la vela.

Fin
Rafa Marín

El conversador ( relato corto)

La comida fue suntuosa, a la hora de los postres, Pablo, se preparó para una sobremesa larga y amena. Se tenía por un buen conversador, o como decían todos, era dicharachero. El café aromatizaba el salón y tras arrellanarse en el sofá, pidió una copa de coñac.
A un lado estaba Don Francisco, coronel retirado y duelista reconocido, hombre visceral y por lo que se contaba eunuco por gracia de una bala de mosquete.
En frente Don Pascual, arzobispo y antiguo exorcista, del que se sabía y se callaba, su afición por las mujeres de edad próxima a la pubertad. Junto al eclesiástico se sentaba Don José, diputado conservador, siempre envuelto en claroscuros, mezclando política y turbios negocios y, con algún roce con la justicia, que iba dilatando merced a sus contactos con el poder. Y por último, Don Anselmo, un terrateniente, hombre brutal y arrogante, a quien temía hasta el propio coronel.
Todos al igual que Pablo, tomaron coñac y algunos encendieron vegueros y cigarrillos. Las mujeres, por supuesto, se refugiaron en el salón de té, una pequeña y discreta sala, donde podían ser ellas sin miedo a las miradas de sus maridos.
Pablo, se asomó a la tertulia de la mano del una noticia del diario el espectador. Se relataba en primera página, la revuelta de unos temporeros que fue reprimida por la policía rural, según se contaba, saltándose con la muerte y detención de los cabecillas. Don Pascual, enseguida abogó por la paz social y aunque podía entender las reclamaciones de esos poderes desgraciados, el imperio de la ley, era fundamental. Don Anselmo, criticó la mano suave de la justicia, ya que permitió que la muchedumbre escapara, permitiendo que estos pudieran volver a elegir nuevos líderes y se reorganizaran. Don José, disculpó a la ley, según su parecer, hay cierta necesidad de que esta sirva también a los desfavorecidos, el castigo había sido ejemplar y al campesinado le quedó claro cuál es la posición del Gobierno ante la anarquía. Don Francisco, apoyó al terrateniente y criticó duramente al capitán de la policía rural, al cual catalogó de pusilánime, bondadoso y cobarde.
Pablo, por su parte habló de los derechos del pueblo, de la necesidad de una mejora en la distribución de la riqueza y como no, de la igualdad de todos los habitantes de la nación.
Don Anselmo, miró con una media sonrisa llena de crueldad.
- ¿Derechos, dice usted? ¿Esa chusma de analfabetos ladrones?
- Si no fuera porque son necesarios para el trabajo, los eliminaría a todos. La esclavitud es lo único que merecen.
Replicó a estas palabras Don José.
-  Sea moderado Don Anselmo, los gastos del gobierno son muchos y con los impuestos del pueblo se sustentan esas necesidades.
Don Pascual, ironizó sobre las necesidades del gobierno y la verdadera necesidad del pueblo, que era la Iglesia y la fe en un único dios verdadero.
Pablo, no salía de su asombro, intentó rebatir estas palabras que oía, pero Don Francisco, a modo de amenaza velada, le preguntó.
- ¿No estará usted de parte de los insurrectos, verdad?
Pablo lo miró muy serio y sonriendo levemente, respondió.
- Don Francisco, el derecho de todo ser humano a buscar la felicidad es, no solo de justicia, sino de obligación.
Don Anselmo, arqueándo un ceja, repuso.
- Se destapa usted muy socialista.
- Si, repuso Pablo.
- Lo justo para no ser un tirano.
Don Anselmo se levantó, como impulsado por un resorte. Y Pablo hizo lo mismo.
- Me acusa de algo, dijo Don Anselmo desafiante.
Don Francisco, se ofreció como padrino e hizo a la vez suya la pregunta del terrateniente.
Pablo, con voz suave, asintió y masculló.
- Sea, ¿les parece bien mañana al amanecer?
Asintió Don Anselmo y con gesto decidido abandonó el salón a la vez que se oía a Don Pascual llamando a la cordura.
Don José, entre expectante y divertido, convenía la hora con don Francisco, a la vez que citaba a Don Pascual por su condición a dar los últimos sacramentos a quien saliera perjudicado del desenlace.
Una vez todo dispuesto, se dio por concluida la comida y su sobremesa.
El amanecer llegó, frío y con niebla densa. A la hora fijada, aparecieron dos dos carruajes.
En el primero el diputado y el arzobispo y en el segundo, el militar retirado y el ofendido terrateniente.
Pablo esperaba en el claro del bosque, una capa le cubría los hombros y en su semblante se dibujaba una sonrisa cansada y triste.
Don Anselmo, como ofendido eligió el sable como arma y Pablo dejó caer la capa, sin mostrar ni duda ni reparo.
Don Francisco, dicho en estas lides, pidió a ambos que recapacitaran, pero don Anselmo, blandiendo el sable dejó clara su postura.
Como último recurso, Don José aconsejó que no fuera a muerte el duelo, que con tres heridas debería bastar.
Ambos duelista negaron con la cabeza.
- Entonces a muerte, dijo lacónico el diputado, y se dispuso a disfrutar del espectáculo.
Se colócaron los contendientes frente a frente y a una señal de Don Francisco, se alzaron las espadas.
En ese momento, desde la densa niebla partieron cuatro solitarios y certeros disparos.
Don Francisco, Don José, Don Pascual y Don Anselmo, cayeron muertos en tierra.
Fueron apareciendo los tiradores como fantasmas. Un capitán de la policía forestal los comandaba.
Allí mismo, nació la revolución que acabaría con la injusticia de un gobierno gobernado por las élites de la sociedad.
No fue un éxito completo, pues pasados algunos años, todo volvió al punto inicial. Pero nunca faltaron Pablos a secas, que se enfrentaron al poder y comandaron al hambre y a la sed de justicia.

Fin

Rafa Marín

sábado, 16 de febrero de 2019

Saltan al aire

Saltan al aire ellas,
como un vuelo de campanillas,
son tu risa y tu mirada.
Bajo la luz del sol iluminadas,
cual primaveral lluvia brillan.
Niña,
tú que en mis palabras te fijas,
ríe feliz y despreocupada;
pues hoy el sol tus labios mira.
Esos que quiero besar,
a los que imagino dulces,
como la verdad sencilla
y en los que hacer una eterna pausa.
Rafa Marín

El herrero y la muerte ( relato corto)

En la fragua, el trozo de metal brillaba entre rojo y blanco. El yunque aguardaba y sujetando el encendido acero con las tenazas, lo golpeó con sabia constancia. Se enfría el metal y vuelta a empezar. El herrero levanta la mirada y la ve. Ella sonríe esperando.
El rostro de él se ensombrece, pero sabe que nada puede hacer, calienta la hoja que va tomando forma y vuelta a martillar. Siente pesados los brazos y el sudor casi ciega sus ojos, pero ella lo mira y no se decide a descansar. En un rincón, un cántaro con agua y una hogaza de pan y queso, junto al cuenco de las aceitunas. Sonríe ahora el herrero, y su cansancio infinito le pide parar. Ella lo mira, callada e impaciente, como preguntando ... ¿cuándo vas a terminar?
Se toma el hombre un respiro y ella se va, pero aparece al instante, quizás se fue unos minutos, pero a él le han parecido unos segundos.
La noche se asoma por la ventana y el fuego de la fragua resplandece rojo y vivo, dando a la estancia un aspecto, que parece el hogar de Vulcano. Se siente desfallecer otra vez. La mujer lo mira y mira el rincón con la comida. El herrera asiente y suelta el martillo y la tosca hoja curva.
En silencio se alimenta y bebe, ella a vuelto a desaparecer. Ahora, la mirada del hombre se pierde en el recuerdo del ayer, la tristeza llena cada rincón. El carbón se va apagando y él, se levanta urgente y del fuelle arranca el brío de la llama.
La hoja sobre el rojo, poco a poco se va sintetizando con la furiosa llama. El silencio se rompe con cada golpe de martillo.
Ella aparece, junto con el brillo de la mañana, la hoja, casi terminada espera el abrazo del aceite, para que este le de la dureza que necesitan su cuerpo y su filo.
Ahora, la piedra áspera y blanda va despertando el mordiente y fatal filo, apagado en la pared, el mango espera para tomar su sitio.
Ella sigue hay plantada y muda y tan apremiante como al principio. Él pasa la gamuza empapada por el su trabajo terminado y mira a la señora y su negro hábito.
Toma con ambas manos la guadaña y se acerca, la levanta y piensa un instante en descargar el golpe fatal. Pero ella lo mira y sonríe, sabe que no hay nada que hacer.
El se la entrega, abatido por los años y el cansancio.
Ella lo mira y dice:
- Has trabajado bien.
El sabe que ha llegado su descanso, sonríe y se tumba en el suelo.
La mujer le toca.
- Descansa en paz. Dice, para salir y dejarle ahí, muerto en el suelo.

Fin
Rafa Marín

Tierra

Tierra, tan lejana y cierta;
oscuros recuerdos
y distancia insalvable,
pofunda y negra grieta.
Humo en la noche y soledad.
Manos temblando inquietas;
porque no saben parar.
Mil sueños entre las cejas,
que nunca se cumplirán.
Rafa Marín

Enamorarse

Todo es un sentir irracional,
sinapsis de puro sentimiento.
Damos al musculo sangriento
lo que pasa en la cabeza nada más.
Luciérnagas en noches de invierno,
de tanto ser visibles y libres,
se están esos corazones pudriendo.

Rafa Marín

Tu piedad

Entre tus manos soy,
como calavera que,
aún no está descarnada,
ojos tan blancos como;
las nieblas de la estepa.
Sin sonrisa, desdentados huecos,
de pelo amarillo y manos vacías.
La piedad va caminando.
Toca mi pecho la camisa,
que los suyos va mostrando;
tus manos mi cintura rodean.
Veo tanta piedad mirando,
tantas horas de espera,
que no sé si huir llorando;
para que tú no me veas.
Rafa Marín

Un final triste

Hoy...
Caminaba descalzo,
la cabeza bien alta
y entre sus manos,
todo lo que le queda.
Tristes ojos perdidos,
nebulosa de un sueño,
lo sorprendió dormido;
para llevárselo lejos.
Allí, en el suelo marchito,
quedaron papeles viejos,
algunos de sus escritos,
dibujos que había hecho.
La verdad de mil destinos,
que nunca le llevaron lejos.
Los azules brillos se han ido,
en silencio se marcaron,
estridentes han venido:
la prisa ya se ha acabado,
porque sus ojos están ciegos.
Rafa Marín

jueves, 14 de febrero de 2019

La veo venir

De lejos la veo venir,
con sus ojos y su necesidad.
Se la ve tan hermosa...
Ella, que de la vida es su caudal
y de las noches, su isla desierta.
Quizás algún día su sed se apagará.
Tiene, eso lo puedo jurar,
su absoluta verdad.
Un sueño en las alturas
y en el suelo los pies para pisar.

Rafa Marín

Hay

Hay una razón escondida,
que puebla este camino,
como el recodo escondido,
que no vemos en la niebla.
Hay, porque así lo quisimos,
pasiones que nos atropellan,
risas que fueron de niño,
un hogar en la colmena.
Hay, como palabras y dichos,
que atan nuestras lenguas,
mil fortunas en entredicho
y un vacío que nunca se llena.
Noches que nunca han sido,
porque se quedaron en vela,
tu enseñándome el camino
y yo jugando en las cunetas.

Rafa Marín

El independentista ( relato corto)

El anciano se asomó al balcón de su palacete. Apoyado en su bastón compró su obra. Los restos de su antiguo jardín humeaban entre trincheras y muertos. Levantó los ojos al cielo y elevó con una sonrisa una muda plegaria de agradecimiento. Al fin eran independientes.
No sintió ningún remordimiento, miró hacia abajo y en la escalinata estaban sus hijos, incluso su fiel Ramiro estaba allí tirado, todos sobre un charco de sangre negra y soez.
Las banderas convertidas en mugrientos harapos daban fé de la heroica lucha.
Llamó a su asistente, pero este no acudió, con paso renqueante volvió a su despacho, tenía que hacer la llamada, tenía que hacer valer su autoridad.
El teléfono no funcionaba y sintió la necesidad de ordenar ese caos que era todo. Había ganado la brutal guerra, ahora las cosas irían mejor.
Descendió a la planta baja y recorrió mientras sorteaba barricadas y mendicantes heridos el camino hasta la entrada al recinto. Algunas personas, milagrosamente ilesas le rodearon y le dieron la fuerza necesaria.
Frente a la finca, la ciudad ardía, bueno pensó, toda conquista tiene su precio.
Los días fueron pasando, los comités trabajaban sin descanso. Se atendió a los heridos y se dio sepultura a los miles de muertos. Pero le informaron de que no habría fluido eléctrico no teléfono en varios meses. Que los alimentos escaseaban y que el invierno sería cruel con niños y ancianos. La hambruna iba a llegar y con ella, la deserción de los más afectados, sobre todo los trabajadores y sus familiares.
El anciano dictó leyes, no iba a permitir que nadie escapara del país. Se persiguió a los descontentos, a los disidentes y a todos los que no se mostraran conformes a sus decisiones.
Al final, tuvo que declarar la ley marcial, y su policía actuó con firme  puño de hierro.
Los años pasaron y el anciano se sentía viejo y cansado, el final se acercaba y decidió nombrar a su heredero.
El pueblo reavivó las protestas, por doquier se elevaron las voces que exigían libertad.
La muerte del anciano fue pacífica, murió en su lecho, rodeado de médicos que en vano trataron de alargar su vida y su agonía.
El sustituto, un hombre que siempre antepuso el estado al pueblo, volvió a exhibir las leyes dictadas por el anciano.
Se encarceló a maestros, poetas y libre pensadores, pero una parte de la población siguió la lucha y el sustituto fue poco a poco viéndose superado y por fin depuesto.
Llegaron tiempos de paz y concordia, de cierta bonanza y algo de prosperidad. Se auguraba un futuro feliz.
Pero el depuesto sustituto, no estaba dispuesto a dejarse llvarios por el olvido. Se rodeó de sus más fieles y en el antiguo palacete del anciano, volvió a entonar el canto de la independencia.
Inventó y tergiversa la historia y poco a poco su mensaje fue calando entre las clases favorecidas
Al cabo de unos años, el pequeño país, vio como una parte del territorio reclamaba la independencia. Como era de esperar pronto la sociedad se vio dividida y como siempre, se olvidó la historia y sus lecciones.
El caso, es que una mañana, el anciano sustituto se asomó al balcón del antiguo palacete del ya olvidado anciano y levantando los ojos al cielo elevó una plegaria, estaba rodeado como no, de trincheras, banderas mugrientas y un ejército de muertos y heridos.
Como habrán supuesto, la historia se repitió una y otra vez, hasta que el viejo palacete se convirtió en un país independiente.

Fin

Rafa Marín

Cada noche

Cada noche, mientras dormían,
de la mano se tomaban.
Ella dice, que sin él,
la vida no sabe a nada.
Y él, que sin ella, dormir no sabría;
no son la pareja perfecta,
pero cada noche, al dormir,
de la mano se asían.
Como si fueran náufrago y tabla.

Rafa Marín

miércoles, 13 de febrero de 2019

Se pinta el cielo

Se pinta de rosas el cielo
y entre grises y oscuros,
deja paso a la noche.
En mis ojos queda el reflejo
de tu ausencia y ese sabor,
que sabe en mis labios,
a un doloroso agridulce.
Pero asomarán en poco,
los titilantes brillos
de lejanas estrellas;
invitando a mi boca
a pronunciar tu nombre.
Rafa Marín

Un mal sueño

Sueño, es un feliz verano
y una bandada de estorninos,
dibuja figuras con su vuelo.
Miro la rama del árbol,
hay una cinta roja,
como un pendón ondeando
y las nubes traen
un momento de lluvia.
Sueño, a mi lado,
hay un brazo arrancado
y los cuervos son negros
y graznan satisfechos.
Sueño, la tarde avanza
y la noche llega corriendo;
miro sus ojos triste,
sus ropas manchadas de barro.
Hey! Me grita al verme.
Hey! Hermano,
¿acaso ya no te gusta
el vuelo de los pájaros?
Sueño, en el cielo,
una bandada de estorninos,
gira y parece que esté danzando.
Sólo es un mal sueño.
Rafa Marín

martes, 12 de febrero de 2019

Miras por la ventana

Mira por la ventana y sólo ve,
parejas abrazadas,
que lejos quedó el ayer.
Aún se recuerda ilusionada,
las cosas esas del querer.
Pero mira por la ventana y,
de sus ojos quieren correr,
esas gotas que son sal y agua,
que nadie podrá jamás ver.
Rafa Marín

Tu sonrisa

Es tu sonrisa, mi amada,
una fuente pura y fresca;
cuando por sorpresa asaltan,
a mis labios y los besas.
Al sonreír mi pasión desatas,
y en verso mi boca expresa;
este amor libre de trabas,
que en ti es verdad cierta.
Cada día con ella he volado,
como la cometa con la brisa,
bajo los cielos azulados.
Esta alegría mi boca grita,
tu risa me volvió el más osado,
el día que conocí en ti la dicha.
Rafa Marín

Miro tus ojos

Miro al fondo de ese mar,
que son tus cálidos ojos;
rebalso donde descansar,
de esta vida y sus antojos.
Feliz cuando se dejan mirar,
no existe para mí otro gozo;
sus pura belleza contemplar,
enamorado a ellos me asomo.
Cada noche a su mirada,
cual siervo devoto miro;
no quiero lunas reflejadas.
Solo la paz de sus brillos,
elevan mi voz que habla;
volviendo verso mis delirios.
Rafa Marín

sábado, 9 de febrero de 2019

A Gloria Fuertes

No al silencio.
No a la calle incendiada.
No al dolor.
No a la gente sin entrañas.
No al vacío.
No al coronel;
porque no toca la guitarra.
No a las vallas.
No al campo sin vacas.
Si al mar.
Si al canto de tu mirada.
Si al puro amanecer.
Si a la lluvia que canta.
Si a tus manos.
Si al si;
cuando miras enamorada.
Si a los sueños.
Si; porque me da la gana.
Rafa Marín

martes, 5 de febrero de 2019

Mentiras

Sobre el suelo están ahora,
esas verdades de puñal,
las que apretando ahogan,
porque te quieren matar.
Cien mentiras que nos controlan,
todas están por confirmar,
en palacios sus majestades moran;
y tú la calle no puedes pisar.
De hambre los niños lloran,
de pena lo hace la libertad;
porque constantemente asoman,
la mentiras que no dejan de contar.
Ayer un dictador las dirigía,
hoy los políticos de la postverdad;
el pueblo dividido no se alía,
para echarlos a todos al mar.

Rafa Marín

lunes, 4 de febrero de 2019

El farero ( relato corto)

La galerna desataba su furia contra el estoico faro. Las olas del mar embravecido recorrían sus muros como si quisieran deshacernos. En su interior, el farero miraba al negro horizonte, y en sus ojos inquietos se dibujaba una plegaria.
- Pronto amanecerá, musitó.
Por la estrecha escalera de caracol, fue ascendiendo hasta llegar a la linterna. Desde allí miró sobrecogido, en sus 40 años de oficio y soledad, nunca había visto una tormenta igual.
Tras comprobar que todo estaba bien, se dispuso a descender. Volvió la cabeza para la última ojeada y entonces...
Creyó ver a una persona que agarrada a un madero se debatía por sobrevivir.
Bajo por la escalera saltando los escalones de cuatro en cuatro, en la planta bajo la linterna tenía unos prismáticos. Debía comprobar que en medio de esa mar arbolada, no había nadie.
De vuelta en la linterna, aprovecha la potente luz para escudriñar entre las olas.
-  ¡Ahí! Gritó como si pudieran oírle.
Sin pensar si lo que hacía estaba dentro de lo razonablemente sensato, corrió otra vez escaleras abajo.
Se armó con el chubasquero amarillo, un cabo largo de cuerda y un flotador y, como el más audaz de los capitanes, se dirigió al embarcadero.
La chalupa siempre estaba dispuestka, aunque ahora cabeceaba como un toro de rodeo y amenazaba con hundirse. Como buenamente pudo subió y cayó dentro, la cuarta y media de agua le acogió con toda su humedad, casi soltó una carcajada.
Apretó el contacto del motor mientras lanzaba un ... ¡vamos! Que fue respondido con  el tosco tartamudeo del viejo y fiable motor.
- Proa al infierno. Aseveró maniobrando con destreza.
No se veía nada, pero conocedor de la zona y las corrientes, se adentró el aquella locura de espuma, picos y valles que se empeñaban en hacerle zozobrar.
No sabía cuanto tiempo llevaba buscando y justo antes de desistir lo vio.
Con la proa cortando los muros marinos, llegó en el mismo instante que las fuerzas abandonaban al náufrago. Como pudo y con mucha suerte, alcanzó a sujetarlo por el pelo. Lo hizo y entonces se dio cuenta. Él, era ella.
Regresó al embarcadero y la tormenta le recompensó amainando repentinamente.
Una vez en el faro, preparó un lecho junto a la chimenea, despojó a la mujer de las ropas mojadas y la arropó como un padre arropa a un hijo herido. Preparó caldo en la cocina, para luego sentarse junto al lecho y velar.
Pasaron varias horas y ya mediada la mañana, la mujer dio señales de vida. Quiso levantarse, pero el farero se lo impidió.
- Estás desnuda y débil, espera un poco más.
- Te traeré un poco de caldo.
Cuando regresó de la cocina, la mujer se mostraba con toda su plenitud, de pie junto al fuego, de espaldas a él.
El farero carraspeó, la mujer se volvió.
Se miraron a los ojos, los de él, hablaban de noches y tormentas y soledad. Los de ella, eran un mar profundo, una noche sin estrellas; una tenebrosa verdad.
El hombre se sintió turbado y dejando el tazón humeante, subió por la escalera. Al poco bajo con unas prendas de vestir, ropa de su difunta mujer. Le explico con una sonrisa triste.
- Me llamo Juan. Dijo alargando la mano.
Ella lo miró y bajando los ojos, le dijo:
- Mi nombre no lo sé, pero de donde huí, me llamaban María.
Se vistió y con un gracias tomó el tazón y se lo llevó a la boca. Saboreó lentamente el contenido, mirando de tanto en tanto a Juan, que se afanaba en poner orden.
María, se sentó en el lecho, y mirando al fuego, se recostó.
Juan la miró mientras la iba venciendo el sueño y sonriendo, siguió recogiendo la estancia.
María durmió y durmió y al día siguiente despertó sonriente y casi feliz.
Buscó por el faro, pero Juan no estaba. Distraídamente ascendió hasta la linterna, desde allí vio a Juan en el embarcadero, se sentía cómoda y se quedó mirándolo trabajar.
Bajo a la cocina y hurgando en alacenas, fresqueras y frigorífico, encontró lo necesario para preparar una comida decente.
A mediodía, Juan entró por la puerta con un par de pargos de buen tamaño. Primero puso cara de sorpresa y luego de satisfacción, la cocina estaba limpia y recogida y olía a potaje.
María lo miró y él rehusó por un instante la mirada, ella, comprendió y siguió con la cocina y su limpieza.
Comieron y hablaron del mar y de sus tormentas. De la soledad de las noches y de leyendas y sirenas.
María, poco a poco, día a día, se fue haciendo el ama del faro y Juan la miraba y callaba.
Una noche, sentados junto a la chimenea, el dejó el libro y encendiendo una pipa, le dijo:
- María, ¿quien eres?
- Recuerdo aquel amanecer y de ti, sólo sé tu nombre y que huías.
Ella, lo miró con ojos bondadosos, pero calló.
Tras desearse las buenas noches, se retiraron a dormir.
Al día siguiente, Juan despertó sobresaltado, temiendo lo peor corrió al cuarto de María, sus temores eran ciertos, ella no estaba.
Sobre la cama hecha, había una nota.
Juan la tomó y leyó.
Querido Juan, anoche me preguntaste y yo te voy a responder.
Me llamo María, pero soy la muerte. En recompensa por tu hospitalidad, te prometo que tardaré en venir a verte.
Eres un buen hombre, y yo sería injusta llevándote conmigo.
Gracias.
Juan tembló de pies a cabeza, como poseído por mil terremotos.
El tiempo fue pasando y Juan envejeció lento y bien.
Una noche, el mar bramaba y el viento y la lluvia azotaban inmisericordes los muros impasibles del faro. Juan había comprobado que todo estuviera listo y en su sitio y la linterna del faro era guía y esperanza en el mar.
Se sentó junto al fuego, encendió su pipa y cuando comenzaba a leer, llamaron s la puerta. El se levantó sonriendo y abrió a María.
- Te he extrañado todos estos años María.
Ella lo miró y sonriendo le dijo:
- Lo sé, después le beso y juntos salieron del faro.
Fin
Rafa Marín

Mi voz

En tu oído verter amor quisiera,
mi voz jugando a ser alondra,
cuando entre suspiros hoy te nombra,
sin que mis ojos verte pudieran.
Tu belleza que aún me asombra,
tal como asombraría a cualquiera;
tu piel que es blanca luz sin sombras,
frente a mis ojos tenerla quisiera.
Si un mal por vivir me atacara,
callando mis versos amor, sinceros,
siento esta ya por bien pagada.
Pues me tengo por hombre muy honesto,
al destapar esta verdad cantada;
antes de que tú me des por muerto.

Rafa Marín

Sutil

Sutil como la gota de rocío,
que por la hoja está resbalando,
despertando con la luz ese brillo;
mis ojos de amor está cegando.
Sutil como el roce de tus manos,
sin ellas mi vida es un suplicio,
noche eterna el tiempo se hizo;
tanto esperar lo volvió vano.
Sutil como la mañana lluviosa,
enredada en el seto la niebla,
jugando con las hojas caprichosa.
Sutil como este gris que me puebla;
en mi sien es herida dolorosa,
a vivir sin ti mi alma se niega.

Rafa  Marín

domingo, 3 de febrero de 2019

Una luz en la nada ( relato corto)

La mujer miraba el fondo de la taza vacía, como si quisiera o pudiera ver en los restos del último café.
Levantó la cabeza con tiempo suficiente para ver el arma y el fogonazo. Incluso llegó a balbucear.
- Que ironía...
En la cafetería, nadie oyó ni vio nada.
El "limpiador", volvió a ocultar el arma bajo su abrigo y con medida frialdad se terminó su batido de frutas.

Varios años antes, en algún lugar de la frontera entre URSS y Mongolia.

La vastedad de la tundra helada la sobrecogió, era una nada imposible, una lejanía absoluta. Recogió el paracaídas y cavando un pequeño hoyo lo metió en el y lo sepultó.
Volvió a mirar al horizonte, hacia el sur, creyó ver un pequeño punto oscuro que se movía. Respiró algo aliviada y se sentó a esperar.
Llevaban meses intentando descubrir aquella base secreta, pero desde que llegó hacia mediados de mayo, todo resultado había sido infructuoso. El invierno no ayudaba y las continuas averías en el transporte la desesperaban. La noche era gélida y la luna llena daba con su luz un aspecto fantasmal al paisaje nevado. La mujer salió al exterior, por una pequeña abertura en la estructura de lona Blanca que camuflada al transporte y el pequeño campamento. Miró al difuso horizonte y entonces lo vio. Como a 6 km de distancia, una luz que salía del suelo dibujó un brillante cono invertido. La había descubierto, volvió a entrar y enseguida salieron varios miembros con prismáticos y un telémetro. Susan, estaba feliz.
Se confirmó la posición y con una pequeña antena parabólica se transmitieron los datos al satélite.
Desde la insondable negrura del espacio se escrutó minuciosamente la zona, nada. La tecnología no detectaba nada y el mando conjunto exigía pruebas.
En el campamento se organizó la patrulla. A la noche siguiente, Susan y tres unidades operativas irían hasta el lugar para tomar fotos y recabar toda la información que pudieran.
Paso el día nerviosa y repasó el equipo por 5° vez. Algo le decía que no iba a salir bien, pero enterró sus dudas y procuró descansar. A las 20:00 h, la patrulla inició la operación. La nieve era profunda y tardaron 5 horas en hacer la distancia. Al llegar, sólo descubrieron una superficie circular sin nieve, un trozo de tierra y nada más.
Dispuso todos los aparatos de medición, pero estos no funcionaban. Se sintió frustrada y casi indignada; después de tanto tiempo y quizás, lo que vieron fue solo una unidad móvil. Se debatía en esta idea, cuando de repente la textura del suelo comenzó a cambiar. La luz la atrapó y de inmediato todo desapareció.
Cuando despertó varios meses más tarde, estaba en una cama en un hospital de Ulán Bator, se sentía rejuvenecida y recordó aquellos maravillosos seres que la acogieron. Las conversaciones sobre física, matemáticas y filosofía. Un sueño del que ahora despertaba.
Intentó levantarse y en esos momentos la habitación se llenó de médicos y enfermeras y militares uniformados.
Al instante comenzó lo que más tarde llamaría su odisea.
Se le hicieron preguntas, muchas ... demasiadas, por alguna razón, en aquel momento se acogió al no recuerdo nada.
Le preguntaron por los militares desaparecidos, por la extraña rejuvenización de su cuerpo. Por la luz de la que informó, por como aguantó 3 días en mitad de la tundra, por sus balbuceos durante el coma.
No recuerdo, no recuerdo,  no ...
Fue sometida a pruebas psicológicas, test de comportamiento y demás, pero misteriosamente los superó todos, polígrafo, pentotal sódico y otras drogas de la verdad.
No recuerdo, no recuerdo,  no ...
Al final la creyeron y la dejaron ir. Había perdido su estatus, su trabajo, su vida; se sintió libre y buscó un pequeño instituto en el que dar clases a jóvenes que nunca destacaría.
Una tarde, en una cafetería frente al colegio, mientras tomaba café con una compañera, dejó escapar la experiencia que había vivido, notó que su compañera se levantó con prisa, pero ella creyó que la había tomado por una iluminada. No vio es gesto que esta hacía al hombre del abrigo, estaba mirando al fondo de la taza.
Solo al levantar la cabeza lo entendió todo.

Fin
Rafa Marín

sábado, 2 de febrero de 2019

Tus besos


¿Pero,a quién quiero engañar?
La dulzura de los besos son para mí,
una lejana zona vedada.
¿Dónde quedó ese manantial puro
que cada día se entregaba?
Se hizo roca de tiempo y sed,
una verdad tan olvidada...
Recuerdo y celos sólo tendré,
la cruel herida que sangra,
el otro manantial del ayer.
Rafa Marín

Desde tu torre

Desde tu inexpugnable torre miras,
como solo pueden mirar las reinas.
Con ese mohín que sin invitar
a las miradas a soñar invitan.
Mis ojos que son pecado,
con cada parpadeo se incendian,
verse en los tuyos reflejados,
deseo, látigo que los apremia.
La muerte es quien los guia;
audacia que no te nombra,
el miedo calló mi boca y mi paciencia.

Rafa  Marín

El líder ( relato corto)

El líder miró desde el promontorio, a sus pies una inmensa marea de gentes le alababa el éxito de su cruzada contra la maldad de la sociedad. Él, levantó las manos y exigió silencio. Su guardia de corp, azuzó a las primeras filas y al instante todos callaron.
- Han sido 4 años cruentos, comenzó a decir. Pero al final lo hemos conseguido, ya no quedan esos seres miserables que os oprimían y os robaban.
- Ahora todo es de todos.
El clamor se alzó de nuevo, pero esta vez los dejó gritar y adorarle. Se sentía invencible.
Tras el discurso se recluyó en sus discreta ala del palacio. En ese edificio, había instalado todos los departamentos y organismos de control. Pero en él, solo el líder y su guardia podían vivir.
Por la mañana los restos de la orgía eran más que evidentes, cuerpos de mujeres y hombres estaba echados sobre alfombras y sillones. Había botellas de licor y champán y restos de alimentos exquisitos.
Todos los que iban llegando, se miraban asombrados. Como era posible, ellos habían cenado y desayunado lo mismo que iban a comer. Patatas guisadas y pan y agua.
Se corrió la voz y un grupo decidió hablar con el líder. Ese día no se pudo hablar, el líder tenía trabajo y dio cita para varias semanas después.
El palacio fue desalojado de organismos, se les acomodó en lugares más de acorde a su función. El palacio fue decorado con exquisitos muebles y enseres, pero ya nadie podía entrar allí.
El líder, mientras tomaba su almuerzo, observó como un montón de personas se congregaba frente al palacio. Llamó a su guardia y les ordenó que los dispersaran. De inmediato se oyeron disparos fuera y la muchedumbre se dispersó. Sobre el suelo quedaron varios cadáveres. Sonriendo recupero la confianza y volvió a su almuerzo. Pero otra vez la muchedumbre se congregó frente al palacio.  Esta vez el cruce de disparos se prolongó varias horas. El líder caminaba por los pasillos del palacio con preocupacion. El día dio paso a la relativa paz nocturna.
Amaneció en silencio, con una luz que lo bañaba todo y en paz.
El líder, se sintió preocupado, llamó al jefe de su guardia, pero nadie acudió. Tras muchas horas de preparación y desconcierto, decidió salir del palacio. Con cautela al principio, se asomó al jardín y al no ver a nadie, se dirigió hasta la valla que rodeaba al palacio. Allí, encontró un muro, alto e insalvable que rodeaba todo el recinto. No había puertas ni escaleras, solo una pared lisa y un silencio.

Fin
Rafa Marín

viernes, 1 de febrero de 2019

Bajo esta lluvia

Bajo esta invernal lluvia,
de aceras desiertas
y luces que brillan,
se me escapa el aliento
y se me muere la vida.
En mis manos triste
y deshecha margarita,
que no supo decidir;
entre el eterno si o no.
Agraz este fruto
que un sin vivir me invita;
entre dudas y venidas
a sentir tu corazón,
que loco de amor palpita.
Rafa Marín

El pan (relato corto)

Serpenteando al pie de unos viejos árboles, a ratos cortos y desiguales, el camino es sol o sombra; nada de esto perturba los rítmicos y decididos pasos de la jovencita, de melena enmarañada y cara de enfado. A su lado un niño pequeño se afanaba por no rezagarse.
Al final de la curva, la zigzagueante vereda gira bruscamente a la derecha. La chica se detiene y el niño que la sigue se tropieza con ella. Esta lo mira entre preocupada y ausente. El niño levanta la mirada y con voz temblorosa dice:
- No hace falta Ana, solo era un trozo de pan.
- No, peque. Era tu trozo de pan, la ración de un día.
- Pero no quiero que te arriesgues por mí, Ana.
- Si cedemos hoy, mañana será otra cosa y después otra y otra más. ¿Lo entiendes...?
El niño agachó la cabeza y lloriqueo.
Ana se acuchilló frente a él y mirándolo con ternura le dijo:
Tranquilo, no es culpa tuya...no va a pasar nada. Sonrió y comenzó a caminar de nuevo.
Con movimiento descuidados, mete la mano en la bolsa bandolera que le cuelga de un costado, al sentir el frío tacto del acero, su sonrisa se vuelve una mueca malévola, es lo suficientemente expresiva, para que el niño rompa a llorar de nuevo.
Mientras, un par de km más adelante, un hombre grande y muy corpulento se dedica a cortar lleña, el otoño avanza y hay que prepararse para el largo invierno.
Dentro de la cabaña todo está listo, carne congelada en abundancia, verduras y café, algunas golosinas y como no, un trozo de pan que ha robado al pequeño.
No sabe porque lo ha hecho, pero ese par de críos no sobrevivirá al invierno. Que más da que le haya quitado un trozo de pan de su ya exigua ración de alimento, sonriendo se puso a su faena con tranquilidad.
El gritodo sonó como un trueno...
- Thomas! THOMAS!
El hombre dejó de cortar leña y miró incrédulo, ahí estaba la jovencita y su hermanito. Se le escapó una carcajada e incluso la acompañó con un movimiento que fingía ser miedo.
Luego, se plantó delante de Ana y mirándola como miraría un oso a una cría de ciervo le preguntó.
- No habrás venido a por el pan? Volvió a reírse.
La joven lo miró y temblando de cansancio, impotencia e ira, le dijo.
- Thomas, sabes que el invierno es duro, que hasta la última caloría es necesaria, por qué nos robas ?
- Y, que vas a hacer ricura?
Vas a ofrecerme algo a cambio por el mendrugo de pan?
Si tú quisieras ... continuó con voz ronca, a la vez que daba un paso.
Ana, sacó el revólver, le apuntó con él y no hizo ningún gesto que evidenciara miedo.
Thomas, arqueándo una ceja y digo...
- Me vas a matar por un mendrugo de pan?
Ana negó con la cabeza...
Te voy a matar por la cabaña, por la leña y por todos los alimentos que tienes almacenados.
Sonó un disparo, luego sonaron tres más.
Ana miró a su hermanito y sonriendo le dijo.
- Ves, peque, ahora él también será parte de las provisiones.
El chico la miró y sonriendo preguntó.
- Ana, no mudamos de casa?
Fin
Rafa Marín

Tengo un vacío en las manos

Tengo un vacío en las manos,
y un rayo de luna que no las llena.
Tengo un sol que se volvió pagano,
porque a que salga tú no lo esperas.
Tengo en mi pecho un corazón,
que se muere en esta espera,
porque no sabe pedir perdón,
por mucho que oírlo tú quieras.
Tengo flores y olvidos,
esperando a que tú vuelvas;
en este jardín maldito,
que se convirtió en lengua.
Tengo tanto miedo como razón,
sueños de jilguero en su pajarera;
destapando ahora su canto,
llamando para que vengas.
Tengo estas manos vacías
y un rayo de luna que no las llena.

Rafa Marín

jueves, 31 de enero de 2019

Buscas tu curva

Saltas al asiento del conductor
y aceleras sin cerrar la puerta,
arrollando con urgencia esas líneas,
tan amarillas y quietas.
Buscas tu curva fatal,
la profundidad de la sima.
Enciendes otro cigarrillo de hierba.
Vamos!
No hay tiempo para pensar,
ahí tienes la curva y una esquela.
Qué te dio la vida,
no lo paras de preguntar,
mientras miras a los ojos,
de tu chica que se va.
Ya no quieres nada,
ya todo te da igual,
solo quieres tu curva
y una solitaria lápida.

Rafa Marín

Sales otra vez

Sales otra vez,
a este cielo gris de la mañana;
al vacío de calles repletas,
a los sueños que se alejan.
Nada te puede detener,
aunque tal vez lo quieras;
reflejos perdidos,
entre el miemdo y la niebla.
Sales con tu frío,
pero ya no te quejas.
Que lejos está el camino,
que lleno de piedras.
El cielo te mira,
pero su miradas se hicieron viejas;
sales otra vez al gris,
al del miedo y sus aceras.
Rafa Marín

miércoles, 30 de enero de 2019

Paseaban

Paseaban mis zapatos,
por esa vereda perdida;
sueños cabizbajos,
perdidos entre las margaritas.
Paseaban mis pasos,
porque atrás quedó mi vida,
entre cuentas con barro,
de la más pura arcilla.
Caminaban cuesta abajo
y corrían cuesta arriba;
un desierto de modales
que a todos dan envidia.

Rafa Marín

No tienes quien te quiera

Tú no tienes quien te quiera,
tú naciste para carne de cañón.
Sangre, piel y vísceras,
entregadas a la pasión.
No, hermano no;
tú no tienes quien te entienda.
Es un enigma tu voz,
callados y ocultos sentimientos,
que nunca conocerán el perdón.
Las noches de eterna espera,
amaneceres sin ilusión;
tu lecho sólo fue una estera,
en aquel sucio rincón.
Vamos hombre,
de una puta vez despierta,
se jugaron a las cartas:
tus sueños y tu jubón.
Tus pasos siempre a la carrera
y tus ojos en ese cielo sin color.

Rafa Marín

Tus ojos de mujer

Entrecierro los ojos,
con esta ausencia de sueño,
aún no apagé aquel miedo
entre vacías amenazas.
Miro por la ventana,
es sólo la misma jaula
cerrada de ayer.
No hay carreras bajo la lluvia,
sólo un vecino solitario
arrastra al maldito juguete.
Los perros ladran
y el juguete también.
De pronto son las seis,
el sueño fue un flash,
miro por la ventana,
¿quién trajo esta jaula?
¿Acaso de ella nunca saldré?
La mañana por fin se levanta,
es tu sonrisa de mujer,
un sol que me abraza,
al atardecer te veré;
con la misma luz cansada,
con la misma tristeza de ayer.

Rafa Marín

Jardinero quise ser

Siempre quise ser,
el jardinero fiel a la rosa,
el de manos delicadas,
que esculpe y no poda.
Con una tenue melodía,
cual risa en mi boca,
como un sueño feliz,
ahora se me antoja.
Jardinero en su jardín,
bajo las verdes copas;
arriate que no tiene fin,
paraíso de las mariposas.
Sin miedo a sus penas vivir,
sin recuerdo de derrotas;
una simple alma feliz,
manchadas manos de terracota.
Siempre lo quise,
¿lo sabes, verdad que si?
Arrodillarme en la tierra,
sin nada que pedir.
Rafa Marín

A la muerte del poeta

Sobre esta losa de pulido mármol,
en letras de bronce y tiempo,
escrito quedó su epitafio.
Un nombre y dos fechas,
que a nadie ayer interesaron.
Atrás,
como niebla en el valle se quedaron;
su vida, obra y milagros.
Una última mano tendida
y las cicatrices de mil zarpazos.
Noches dejó, como ríos tintados,
lunas opacas de ojos ciegos,
suspiros de labios que no cesaron.
Sin camino y sin virtudes, sus egos,
zanjas repletas de barro y sed;
cadalso fueron para su cuerpo.
Atado a la necesidad del aire,
en cada bocanada dejaba los años,
a veces uno o dos y, otras diez.
No murió, siempre será un recuerdo,
para los que le amaron primero
y le odiaron después.

Rafa Marín

martes, 29 de enero de 2019

Alas

Alas batientes de paloma,
una sombra blanca al despegar.
Alas inquietas de mariposa,
un suspiro en color que nos besa.
Alas metálicas de libélula,
incansables y siempre ajenas.
Alas negras y azules y doradas,
hechas para volar, menos las tuyas.

Rafa Marín

La gabardina (relato corto)

Aquella tarde de invierno, la calle parecía desierta. Sólo de tarde en tarde, una o dos personas se asomaban y miraban al cielo sobre las montañas. La mujer, enfundada en su gabardina exclusiva, tenía la mirada clavada en el suelo, solo un metro delante de sus pasos.
Mientras caminaba, intentaba reprimirse y salir corriendo, cosa que apenas conseguía. De uno de los bolsillos sacó un teléfono móvil, ninguna llamada, ningún mensaje. Se detuvo y miró a las montañas, una gran oscuridad se cernía sobre la pequeña ciudad, como una corona.
A los pocos minutos alcanzó a ver su casa, destapó de sus labios una mueca triste y cansada, se detuvo y volvió a mirar a las montañas, la negrura iba descendiendo, como un glaciar negro y denso, un flujo quiroplástico a cámara lenta que amenazaba con destruirlo todo.
Ahora sí corrió, la luz del rayo y el posterior ensordecedor bramido del trueno la asustaron.
Cuando abría la puerta, rompió a llover y al instante se mezclaron agua y granizo y viento; la tormenta había nacido.
La oscuridad se adueñó de todo, la mujer, se apresuró buscando una linterna y algunas velas y cerillas. En el salón miró a la chimenea, la aprovisionó con astillas, maderas menudas y un par de troncos, la prendió y se sintió mucho más tranquila y relajada. Se dio cuanta que su gabardina estaba manchada, se la quitó y la dejó caer en un rincón. Mañana o pasado la llevaré a la tintorería, pensó, casi sonrió al mirarla allí tirada.
La noche pronto se volvió dantesca, los rayos y los truenos, la feroz granizada que parecía no querer acabar...
La casa quedó a oscuras, solo el salón permanecía iluminado por el fuego, ella se fijó en su sombra danzante, añadió más troncos y al poco se sintió confortablemente acompañada por las llamas.
Se acercó a un mueble y se sirvió una copa de vino, quizás él no pueda volver, la noche sería larga. Prendió unas velas y tomó un libro de una de las estanterías. Se descalzo y se desprendió de la chaqueta.
Se sentía cómoda y dio un largo trago al vino, se sirvió más y arrimando la luz de una vela al sofá, se dispuso a leer.
Nadie imaginó que la presa cedería, nadie recordó lo cercana que estaba de la ciudad, nadie en la ciudad vio llegar la ola de hormigón y agua...
La mujer se quedó dormida, la copa de vino volcada manchó con sus restos la falda y en las páginas del libro quedaron olvidadas unas pocas lágrimas.
La avalancha, casi hizo desaparecer la pequeña ciudad. La mujer y la casa se llevaron la peor parte, un gran conglomerado de tierra y piedras saturadas de agua la alcanzó de lleno, de ellas no quedó nada.
Solo unos meses después, encajada entre las ramas retorcidas de la ribera del río, unos niños vieron lo que parecía una gabardina. Les costó un rato sacarla de su prisión, en uno de los bolsillos aún había un teléfono mezclado con barro y piedras.
Los jóvenes miraron tristes, tiraron la prenda y con el teléfono se dirigieron a la comisaría.

Fin

Rafa Marín

Tengo ayeres

Tengo ayeres en la mirada
que puse en venta,
pero nadie los compró.
La maldición que consigo traen estas letras,
que el tiempo ya oxidó.
Tengo entre mis manos prietas,
la locura y la razón;
el devenir que coquetea
entre los miedos y la pasión.
Tengo una voz y mil caretas,
que visten para la ocasión.
Arrabales de la peor ralea,
un río lleno de sangre que se secó.
Tengo mi vida en la cuarentena
por gentes perdidas en un amor.
Petos con celada y puño de hierro,
preguntándose quién soy yo.

Rafa Marín

domingo, 27 de enero de 2019

La verdad (relato corto)

Sentado ante la pequeña mesa de escritorio, sobre una hoja volcaba todas y cada una de sus fantasías.
Eran como un mantra, como un deseo insatisfecho y lejano.
Sólo hay una verdad,
la del genio manipulador,
la de la conocedora de mi secreto.
La de quien aprovecha
condición y momento,
porque cree que no sé,
que no puedo ver.
Pero no soy yo,
son esa oscuridad
y mis dormidos demonios,
le atraen, quiere verlos
y acariciarlos sin que despierten.
Quizás hacerlos parpadear un poco
y así poder mirar sus ojos.
En medio de esa locura incomprensible, el sujeto iba consumiendo sus últimas horas de vida.
Aprovecharía la última noche del invierno y entraría en el recinto a sangre y fuego; para morir matando entre ese grupo de genios, magos y brujas. Lo tenía todo atado y bien atado.
Los días fueron pasando, mientras el la soledad vacía y fría de aquel cuchitril el sujeto se fue auto consumiendo.
Una noche, sobre el 12 de marzo, recibió una visita. Estaba tumbado en el hediondo sofá, las últimas briznas de marihuana hacía horas que se consumieron. Y notaba la aplastante lucidez de su insignificancia.
La puerta se abrió y un brillo inexplicable lo inundó todo.
Se frotó los ojos, como pudo se puso en pie y dirigió sus pasos hacia la luz.
Quizás si hubiera estado más colocado no habría percibido el olor a mujer, ni el roce de las uñas por la pared. Intentó huir, pero la aplastante redondez de la figura femenina cayó sobre él.
Notó la urgencia de unos labios en su cuello, la desesperación de unos torpes dedos, notó y no pudo rebelarse.
Tras un momento, la chica le mostró una bolsa con hierba y una sonrisa.
- ¿Qué, aún estás decidido?
Él, se levantó del suelo y tomando la droga se fue hasta la pequeña habitación.
- Anna, llamó, ven, vamos a gozar de esta maravilla y de ti.
Las horas siguientes fueron un cúmulo de risas, porros, sexo y orgasmos.
A la mañana siguiente, el sujeto decidió comenzar con los preparativos.
Despejó el suelo del piso y extendió en el una lona escrupulosamente limpia.
De cada escondrijo sacó armas y munición y cuando todo estuvo dispuesto, comenzó con la tarea de limpieza de las armas.
La chica volvió a la noche y cada noche se repitió el ritual...
Esa noche, 21 de marzo, el sujeto estaba sereno y tranquilo, vestido con ropa táctica y armado hasta los dientes esperaba a la hora.
Apareció la mujer, Anna y le mostró la boda de marihuana y la voluptuosidad de su cuerpo, pero él la miró y dijo, lo tengo que hacer ... Anna, la humanidad depende de mí.
Ella lo miró con una lágrima en los ojos y el sonrío.
Anna, levantó una mano y pronunció un arcano.

यो शक्ति, म तपाईंलाई आदेश दिन्छु: अहिले मर्छु।

El sujeto se detuvo, tomó una pistola y se disparó en la cabeza.
Anna salió sorteando al sujeto muerto en el suelo y se dirigió al aquelarre.
La gran maestra y bruja, la esperaba.
- ¿Y? Dijo con suavidad...
Anna la miró a los ojos sin contestar.
- Cada vez está resultando más difícil permanecer ocultas. Repuso la gran maestra.
Años más tarde, sobre un sofá, otro chico se sintió tocado por la luz. Una hermosa mujer, se mostraba ante él, desnuda y anhelante, en sus manos una pequeña bolsa con marihuana.
El chico levantó la cabeza y dejó el lápiz sobre la libreta.
Se podía leer en ella:
" Sólo hay una verdad, la del g..."

Fin
Rafa Marín

Veo tu soledad

A veces creo que,
toda mi vida está muerta.
Es como esa soledad,
de la araña
que en invierno
la brisa despierta.
Siempre quiere más,
pero su red solo tiembla.
A veces creo que soy,
lo que nunca comprendo;
doses y sietes al póker,
una jugada mintiendo.
Llego, como la turba,
escondida en el suelo.
Si me dejas lo suficiente,
acabaré por ti ardiendo.
No me busques yo no soy,
más que materia muerta,
ojos verdes blancos huesos.
Si me miras te veo,
como se ven tus ideas
reflejadas en este espejo.

Rafa Marín

sábado, 26 de enero de 2019

Ya no camino

Ya no camino está noche,
en post de mil estrellas,
fueron inalcanzables sueños,
como los tizones rojos,
que mis lágrimas secan.
Quise vagar libre,
por las verdes laderas,
pero me miran sus ojos
y mi alma se entrega.
No, ya no quiero,
más aventuras ni dolor;
ni malditas las guerras.
Ahora me mira mi amor,
entre todas la más bella.
Asomado tengo el corazón
a esta noche sin brillos;
pues a mi lado callada,
su mirada me enseña.
Rafa Marín

Beber

Beber de tu juventud,
como bebé el sauce del río;
enterrando sus raíces,
en lo más profundo y bravío;
sin tiempo para la plenitud.
Me atrapa este futuro sombrío,
Tú, quizás ninfa o mujer,
y yo viejo para desafíos,
pero que no se deja vencer.
Beber de tu néctar sagrado,
perfumado pozo del placer;
entre columnas bien guardado.
Beber la luz de tu ojos claros,
de tu mirada que me grita,
entre los silencios del amanecer.

Rafa Marín

Tus ojos hoy

Rugen en la madrugada,
con esa mirada impotente,
la belleza de tus ojos.
Cautos pozos de luna,
que me atrapan sin saber.
Hoy, perdidos en esta bruma
que del mar quiso nacer;
cantan a la ventura,
de ser paño de mástil,
cabo de guía y en el fondo,
también pesada ancla.

Rafa Marín

viernes, 25 de enero de 2019

El muro y yo

Miro al muro, como me miro a mí.
con esa perspectiva soez de quien confiesa.
Lo hice y no quiero saber por qué.
El muro brilla de humedad,
son mis mejillas viejas y cansadas;
¿acaso me tengo que arrodillar?
El muro está silencioso,
no es más que otro obstáculo por sortear.
Cuando llegue la mañana y su luz,
cual avenida de gentes que avanza;
¿soportará?
¿O simplemente cambiará de color
y alzará su nueva y puta bandera?
Pero hoy es como yo,
un muro silencioso que grita;
es una incomprendida y triste verdad.
Rafa Marín

Poco a poco

Poco a poco voy descubriendo,
que tu mundo no es mi mundo,
que no aprendo y que tú,
ya no quieres aprender.
Hay una sima que es profunda
y un mar de dudas que la ensancha,
cada día un poco más.
Yo, sólo quiero manejar mis velas,
porque al viento no puedo;
quizás él sea como yo.
Sólo quiero poder escribir,
lo que en mis ojos es silencio,
lo que en mis labios es sólo verso,
un sentimiento que nace dentro de mí.
Del ayer, que hoy veo tan lejos,
una sombra bajo los cielos,
no sé que te contará hoy a ti.
Por eso ya yo te lo cuento,
porque adiós me vas a decir.

Rafa Marín

Las miradas

En este devenir
que son vida y anhelos,
todos a veces mar
y otras incendio.
Surgen de improviso,
cuales olas blancas
o amarillas lenguas,
encendidas en fuego;
las eternas miradas.
Tiernas, toscas, duras
desafiantes y otras;
enamoradas...
Un regalo del cielo
que a veces no vemos,
porque nos miramos
hipnóticos al espejo.
Rafa Marín

jueves, 24 de enero de 2019

La victima (relato corto)



El fotógrafo señaló al cadáver con indiferencia.

- ¿Se sabe quién es, sargento?

- Sólo es una mujer Pete, solo eso.

Los dos hombres miraron un momento el cuerpo que flotaba junto a la orilla, a lo lejos sonaba una sirena.

- ¿Sabes, Pete? dijo el sargento.

- A veces creo que fui yo.

El fotógrafo miró al sargento, por la mejilla del policía se deslizaba una lágrima.

- ¿Fue usted quien la mató, sargento?

- No, no lo hice yo, Pete. Fue otro, yo sólo no hice bien mi trabajo.



Cinco años antes ...



La carretera discurría sinuosa a todo lo largo del acantilado, a la derecha, un paisaje de azules que parecían infinitos se mostraba inalcanzable.

La mujer conducía un buick descapotable color ceniza, una mancha que se deslizaba demasiado veloz sobre la oscuridad del asfalto. El nuevo derrapaje hizo que al fin levantase el pie del acelerador y por un instante su mirada pareció recuperar algo de cordura.



Otro verano ...



El acantilado hoy de dibujaba a su izquierda, el camino de ida, por azar o por destino, siempre acababa a la vuelta. Vio la entrada a la mansión y desaceleró. El vigilante a la vez que abría la enorme reja metálica, saludó solicito. Ella se detuvo a su lado, le saludo por su nombre y preguntó si su marido había regresado.

El empleado, con cara seria, le dijo que la policía esperaba desde hacía al menos un par de horas.

Con un simple ...

- Bien, gracias. Dirigió el buick hasta la entrada principal.

Sentados en la escalinata esperaban dos agentes de paisano. Un temblor recorrió el cuerpo de la mujer.



Otoños e inviernos ...

Los largos meses de otoño e invierno, el matrimonio Palme, solía pasarlos en España. En la ciudad de Sitges tenían la intimidad justa para llevar una vida anónima y relajada.

La mañana, aunque fresca y ventosa, lucía esplendorosa. Ella caminaba junto a la orilla del mar, los zapatos en su mano derecha no se balanceaban con el ritmo de un tranquilo paseo. En el teléfono de su mano izquierda, una voz un tanto oscura la prevenía sobre posibles futuros acontecimientos.

Ella intentó mantener la calma, pero el ladrido de un perro que jugaba hizo que el teléfono resbalase de sus dedos y cayese sobre la arena, al recuperarlo, su interlocutor había colgado.



El último verano ...



Al salir de la mansión vio como el vigilante de seguridad levantaba la mano, ese día no se detuvo a saludar. Conforme se alejaba por la carretera de la costa, siempre con el infinito a su derecha, empezó a sentir dudas. ¿Era un saludo, o tal vez quiso advertirla de algo?

Instintivamente aceleró al buick, cuando se sentía atrapada, correr era su primer movimiento.

En la siguiente curva se cruzó con el coche camuflado de la policía, éste, llevaba la sirena sonando y una luz azul destellaba sobre el conductor.

Vio como los agentes la señalaban, como aminoraban la marcha y como ...

Toda visión desapareció.

Con la distracción, el vehículo se había precipitado contra el protector, lo había sobrepasado y se precipitaba por el acantilado sin remisión.



madrugada ...



Despertó sobre saltada, todo estaba oscuro y no pudo moverse. gritó, nada; el sonido quedó amortiguado de manera claustrofóbica. No se rindió y grito otra vez y otra y otra ...

De repente una luz inundó la habitación y varias personas vestida de blanco se acercaron a ella.

Sintió miedo de sus ojos y de sus intenciones.

Notó como la aguja atravesaba su piel y su carne. Poco a poco todo se volvió oscuro y cálido.

Al poco, en la sala de guardia del hospital mental ...

- ¿Quién es  la mujer? Peguntaba una joven y guapa enfermera.

- Lo desconocemos. Dijo en psiquiatra. La trajeron hace ya cinco años. vagabundeaba semi desnuda por una playa de Sitges.



En algún lugar de la costa Azul ...



El vehículo se estrelló contra las rocas, su conductora murió en el acto.

Los agentes de policía se sintieron culpables, iban a informarla que habían logrado dar con el paradero de su marido, y que éste se encontraba bien.



Junto al mar ...



- Pete ... comenzó el policía, ayer esta mujer pidió ayuda. Al parecer unos alienígenas pretendían asesinarla.



Fin



Rafa Marín





Si tú eres

La muerte será mi premio,
conquistado con esta boca,
que no conoce paz ni miedo.
Detendré el mundo en su girar,
hasta el imparable tiempo.
Sólo por ver tus ojos asomar,
entre las olas y el viento.
Sé que quizás tú no podrás;
pero yo, yo moriría en el intento.

Rafa Marín

Hoy vuelvo

Vuelvo a la vieja libreta,
a la soledad negra del yunque,
al ardor de mi corazón;
que es una fragua que arde.
Vuelvo a los días convulsos,
a la muerte ya anunciada,
entre parterres del flores,
por el tiempo pisoteadas.
Vuelvo a las miradas
y a los cambios de acera.
Al gabán con bolsillos y puños,
navajas y pistola en la sobaquera.
Vuelvo a los gritos ahogados,
al cigarrillo en la piel,
a la dulzura de tus labios.

Rafa Marín

Quisiera ser

Hoy quisiera ser llama,
combustible en tu piel,
rojo tizón sin humo,
que arde en tu pasión.
Dejarme atrapar en tu cuerpo,
cual raíz profunda y tú,
tierra fértil entre mis dedos,
ser mi placer y mi locura.
Hoy quisiera no verte sufrir,
no ser distancia ni pero.
Hoy sería niebla que arropa,
callada humedad que fluye,
como el agua del manantial
sobre las pulidas rocas.
Rafa Marín

miércoles, 23 de enero de 2019

Me aferro

Me aferro a esta estupidez
de querer seguir viviendo,
cuando cada día es un no poder,
ni siquiera con mi cuerpo.
De tu boca ya no podré tener,
ni su aliento ni sus besos.
¿Para qué este no ceder?
Vacío de todo hoy me siento.
Tras las olas no puedo correr,
soy como la paz del muerto.
Voy sin rendirme una y otra vez,
aunque sepa que estoy muerto.

Rafa Marín

La dura verdad

Hay una verdad callada y dura,
la que nadie pregona.
Hay una mirada perdida,
que ni la fe resucita.
Hay lágrimas que nacieron,
para esta tarde bendita,
manos obreras que creen en dios,
aunque este señor no exista.
Hay, un agujero sin fondo
y una pena que ya está maldita.
Hay un cielo sin escaleras,
hay un llanto naciendo puro.
Hay gargantas que no gritan,
llenas quedaron de tierra.

Rafa Marín

Se derrama la noche

Se derrama la noche
en gotas de agua,
su murmullo y su frescor,
en mis ojos se hace eco.
Ya nadie pide unas manos sinceras,
aunque no sean poesía,
sólo buscan el calor del sexo,
en rincones de la osadía,
en camas de lino y aloe.
Todo se volvió sinsabores,
comercio y cuerpos expuestos.
La noche se derrama solitaria,
reflejos en charcos olvidados,
la calzada y sus brillos fríos,
no alumbran en los callejones.
Camas que no tienen doseles,
sueños en miradas perdidas,
la noche se derrama en lluvía,
porque ya no quedan heróes.

Rafa Marín

martes, 22 de enero de 2019

El fotógrafo (relato corto)

 A la salida de la terminal, recordó a aquella ciudad sin taxis; la de aceras con escombros, la ciudad con prisa y las esquinas con morbo. Hacia más  de 20 años que salió de allí, jodido pero entero, aunque bien jodido. Ahora plantado ante la parada de taxis vacía, se sintió molesto.
Cómo ha cambiado todo, pensó mientras comenzaba a caminar, muy pegado a la pared, pero no tanto como para despertar curiosidades. Metió la mano enguantada en el bolsillo y releyó otra vez la nota.
"Una calle y un puente, junto a la parada del tranvía, a las 12 del mediodía, lleve abrigo gris y bombín"
Y voila, allí estaba, en una ciudad que sufrió y no pereció, él conocía algunas de estas ciudades, muchas más de las que quisiera.
Mientras caminaba, vio el gran cartel publicitario, mostraba a un periodista, ahora escritor, español al que vio una vez. Fue en otros tiempos, en esta misma ciudad; otra forma vivir y morir. Otras circunstancias.
Era algo natural en aquellos días, algunos se protegían tras la cámara y la palabra press y otros tras un muro de ladrillo nada más. Recordó una escena; se asomaba más de lo debido, es esa curiosidad que lleva al gato a la tumba y al periodista a la fama. Loco, le grito alguien, en un momento de silencio.
Recordó como se miraron, un mercenario y un informador. Recordó el brillo de sus ojos tras el cristal; hubiera valido para el negocio si no fuera un contador de historias.
Pero eso fue hace mucho tiempo, Jerry tenía negocios y los tenía que atender, los recuerdos eran un hándicap que no se podía permitir es esa ciudad llena de viejos rencores, que todos se esforzaba en ocultar y no querer reconocer.
Sentado en un banco a mirar al río. Al poco una mujer se sentó a su lado.
- No se vuelva, me llamo Lucy, camine tras de mí y entre en la puerta que yo le indique.
Con un suave "vamos", se puso de pie.
Él la siguió, la siguió a ella y al golpe de sus caderas durante un buen rato, al fin, ella señaló una puerta y dibujó una peineta a modo de despedida.
No pudo dejar de sonreír, la chica a pesar de ser un bombón tenía su gracia.
Apretó el botón del timbre y la puerta se abrió sin más, el pasillo con suelo rojo y papel pintado en las paredes, estaba desierto. Al fondo otra puerta le invito a caminar hasta ella. No había timbre, así que apretó el pomo y lo giró.
Lo primero que vio fue la gran mesa y a su viejo amigo X, aquí los nombres están de más. Este le sonrió como un tiburón sonreiría a un pez payaso; sabe que es pequeño pero venenoso, demasiados problemas para tampoco premio.
X le invito a tomar una copa.
- Ron... ofreció... sin hielo y en vaso. Luego señaló la silla y el gran sobre que estaba en la mesa.
Este es un trabajo distinto, añadió, bien pagado, no te va a gustar, pero es lo que hay. Aquí no elegimos, no señalan y listo.
- ¿Cuánto no me va gustar? Preguntó mientras daba un tiento al ron y se servía más.
- Digamos que 130 mil, no está mal por un disparo.
- Eso es mucho...incluso para mí.
- Hay prisa e interés, estará en la ciudad dos días nada más. Tiene que ser algo de poco ruido, de muy cerca, a ser posible algo fortuito o un mal encuentro. Tú decides Jerry.
Jerry se acercó al bar y se sirvió el tercer ron.
- ¿Tan importante es? Quiso saber.
- Ya sabes, el nombre viene después del si, pero en este caso no hay un posible no, así como no hay un segundo intento. Qué más da, se acercó a la ventana y señaló al cartel publicitario.
- Vaya, dijo Jerry con una carcajada, joder que putada.
- ¿Le conoces?
- No, pero le vi una vez, ya sabes, la casualidad viene a buscarnos mucho tiempo después.
El señor X, se acercó y le puso la mano sobre el hombro.
- La vida es una puta, así que jódela tú a ella, para qué ella no te jodía a ti.
Jerry asintió en silencio, mientras sentía el ron arden en su estómago. Vaya mierda es esta de joder, pensó.
- Lucy te espera fuera. Es mi hija, no te pases con ella.
- A la mierda X, hoy me has jodido.
Tomó el sobre, apuró el ron y se fue.
En la calle, Lucy esperaba fumando.
- A dónde he de llevarte,  le espetó.
- A catre, le respondió él.
Conozco está ciudad desde antes que nacieras. No te necesito.
- Si quieres follarme, necesito saber dónde te alojaras.
- X, ¿es de verdad tu padre?
- Si, ¿Te sorprende?
- Me sorprende que trabajes para él. Es un trabajo peligroso.
Llévame al hotel Europe.
Caminaron unos pasos y ella sacó el mando del coche negro. Abrió el maletero y mostró su contenido.
Tomó la Glock y el silenciador, la metió en la mochila y miró el cuchillo de caza, un bowie. Lo rozó con los dedos temblorosos. Le guardo junto a la pistola.
El hotel le trajo los recuerdos y su violencia, las noches de interrogatorios en el subsótano y las borracheras. Todo para qué, por una idea. Si, así fueron aquellos 3 putos años.
En recepción se separaron, ella repitió el gesto, pero esta vez le miraba a los ojos. Le brillaban con un intenso color verde.
Estudió el voluminoso informe y las rutas de la víctima, sólo dos días y una conferencia.
Durmió mal y con las pesadillas habituales, le despertó el teléfono móvil y la voz de Lucy sonó fresca y reconfortante.
- En 10 minutos te espero en el restaurante.
- Claro, pide huevos y bacon y mucho café.
Sonó una risotada, es bufet tonto. Colgó.
Se ducho y preparó cuchillo a la espalda y pistola en la sobaquera. Americana holgada y abrigo sobre puesto.
Ella estaba radiante, como sólo una mañana de primavera puede lucir.
Mientras se dirigía hacia ella, vio al cliente dos mesas a la izquierda. Sería tan fácil, pensó. Se detuvo y observó el salón, no había cámaras. Un par de segundos y listo.
Lucy se levantó y lo llamó por su nombre.
- Jerry, aquí cariño. Tengo una mesa, ¿te gusta?
El cliente miró con curiosidad, el español de Lucy tenía un marcado acento bosnio.
El cliente, mientras miraba a Lucy, se llevó distraidamente un trozo de pan a la boca, algo paso entonces, con las dos manos se asió la garganta, ¡se estaba ahogando!
No lo pensó, corrió hacia él y tomándolo por detrás, le practicó la maniobra de Heimlich.
El cliente le miró agradecido, él le sonrió y se sentó junto a Lucy.
Ella lo miraba con asombro,
- ¿Por qué lo has hecho? Era hombre muerto.
- Porque nadie merece morir con una imagen tan bella en sus ojos, contestó.
Lucy tomó el teléfono.
- Contacto fallido con el cliente, dijo y colgó.
Esto anula el contrato, ahora no trabajas para mi padre...zalamero.


Fin
Rafa Marín

Entras por la ventana

Entras por la ventana,
cual mariposa perdida
y posada sobre mi mano, callas.
Ojos que de tanto decir,
ya sé cansaron y no dicen nada.
El ayer, viento sobre los sauces,
le rompió triste su alma.
Ahora, su mirada es un silencio,
una nube que al atardecer pasa.
Sobre mis manos se posa,
como un beso sincero,
como la verdad del amor.
Ella, que quiso ser ninfa,
por necesidad se hizo hada.
Yo, que en mi mano la miro,
cierro el puño y no siento nada.

Rafa Marín

La luna y la rosa

Están esta noche la luna
y la sutil impertinencia
de la blanca y pura rosa,
cuando se visten de ti.
El arrullo del agua
en la oscura cañada,
con el verde de la hierba
y el rojo de las veredas.
Quieren ser tu piel
y la sangre de tus venas.
Pero yo sigo ahora aquí.
Entretejiendo mil letras,
que sólo hablan de ti.
Rafa Marín

domingo, 20 de enero de 2019

La liebre (relato corto)

De todo lo malo de su padre, Rafa, sólo añoraba las salidas al campo de madrugada. Esos sábados de lluvia y frío en los que podía llevar su navaja de cachas negras y una pequeña ancla dorada.
Aquel día, se despertó sin ayuda, en la cocina olía a café y pan tostado y tabaco.
La cocina de carbón o leña, según aventurara la fortuna estaba encendida. Su madre, por una vez no tenía los ojos rojos y la mirada de su padre era tranquila, se permitía incluso una media sonrisa de lobo. Desayunó leche y pan con manteca y zurrapa de lomo.
Con la boca mascando a dos carrillos miraba, la mochila de lona verdegris, la silueta de la escopeta en su interior, los bocadillos y el agua al lado y una botella de vino. Miró desconcertado, vino tinto y de marca...
El padre le sonrío, hoy vienen Pepe y tu tío Rafael. A ver como te portas.
Estaba aún con las manos grasientas y la boca llena cuando sonaron los golpes de la aldaba. Se levantó y mientras acudía a abrir, se limpiaba en una balleta manos, boca y sonrisa.
Abrió, allí estaba.
Buenos días, tito.
Rafael le sonrío, con un ... que tal niño, a la vez que le daba con disimulo un billete azul de 500 pesetas.
La mirada se le iluminó y la exclamación atrajo las miradas de madre y padre, aunque este, disimuló no haber visto nada.
Se saludaron todos y el tito Rafael se sirvió café con corrito y un poco de lomo. Pepe llamó desde fuera con su voz segura y potente y, ¡OH! Como si el día fuera un milagro, el padre le dijo. - Niño, ve y dile que entre.
Corrió a la puerta y mientras guardaba el billete arrugado en un bolsillo, intentó imaginar que estaba pasando.
Pepe entró y toda su seguridad se perdió bajo la mirada de la madre.
Tito Rafael, lo miró con detenimiento y asintió a su hermano, satisfecho de lo que veía.
Rafa, dijo a la vez que le tiraba una llaves, ve al coche y trae la maleta negra del maletero. Corrió y dejo a los cuatro allí, en un silencio embarazoso, aquello le gustó.
Abrió el coche y junto a la mochila parcheada y las fundas de las escopetas, había una maleta. La tomó y supo que era un arma, sonrío con envidia, pero no con mucha. Ya le tocaría su turno, él era un niño todavía.
De vuelta en la cocina, Pepe, masticaba un pedazo de pan con manteca y la zurrapa de lomo tan buena que hacía la madre, ella ya no estaba y su padre y su tío tomaban anís en vaso.
Le dio la maleta al tito y este le espetó a Pepe, tú, esto es para ti; las cosas de las que se entera uno.
Pepe, como es normal no entendió, yo tampoco. Pero la tomó en sus manos y sonrío al sentir el peso. La abrió y ahí estaba; una Grilla con su canana y los papeles.
Subieron al coche y el tito le alargó a Pepe una caja de cartuchos marca Remington.
El viaje estuvo lleno de miradas y silencios, por su parte, Rafa; ya soñaba con su escopeta mientras miraba al lluvioso amanecer.
Llegaron al sitio escogido por Antonio, su padre. Un verdadero conocedor de la tierra que habitaba.
El sitio era precioso, una ondulación de tierra, salpicada de palmitos y verde y abundante hierba. Al pisar ese trozo de cielo, lo primero que vio Rafa, fueron los enormes caracoles burgaos que su madre cocinaba. Inmediatamente, se desentendió de todo lo demás. Su padre rió al verlo y le dijo. - Deja eso para después, ahora hay que aprender cosas. Rafa miró sorprendido, la cara de satisfacción del tito Rafael prometía sorpresas agradables.
Ellos con escopeta y Rafa con mochila, como se dice, a la descubierta, comenzaron a caminar. Rafa observó la "chivata" que su padre llevaba en la mano. De pronto se detuvo, se agachó y miró a lo lejos. Todos se pararon y él comenzó a caminar con su paso siempre cansino e infatigable. Desde donde estábamos lo vimos caminar, deviándose un poco a la derecha. De improviso, se giró veloz y descargó un golpe en el suelo. Se agachó otra vez y en sus manos mostró una liebre. Tito Rafael, soltó una carcajada y un ¡cabrón!  Y un ¿Cómo lo haces?
Su padre no respondió, era un secreto que sólo conocían; él y Pepe.
Tras la exhibición, ellos siguieron a lo suyo y él tuvo permiso para recolectar caracoles.
Rafa oyó los disparos, supuso que sería Pepe y la escopeta nueva. Se enderezó y los vio a lo lejos, se volvió hacia el poniente y por el momento se sintió feliz.
Fin
Rafa Marín

Me pierdo

Esta mañana me pierdo,
junto con mi dormida mirada,
en estos abrumadores cielos,
entre grises y sus luces naranjas.
Los brillos húmedos del suelo
y las aceras abandonadas.
Voy con paso ligero,
como si quemase el agua,
pensando en lo que quiero,
sin saber que me hace falta.
De los charcos soy reflejo
y mis suelas onda que pasa.

Rafa Marín

sábado, 19 de enero de 2019

Tengo una imagen

Tengo una imagen grabada,
cada noche en sueños llega.
Tú, perversa niña entregada,
A lo que mi mente quiera.
Solos, náufragos en la cama,
sin pudores que nos detengan,
vamos soltando amarras,
es el placer quien nos espera.
Tengo esa imagen guardada,
para la próxima vez que vengas.
Tu piel a mi boca libre entregada,
en mis ojos el placer que te llena;
fue una tórrida y fría mañana,
escondidos para que no nos vieran.

Rafa Marín

Quiere el sol

Hoy el sol quiere ser luna,
se cubre de gris,
con el manto de etéreas cenizas.
Hoy el sol,
dibuja los colores apagados
y los sueños rotos.
Es un Polifemo enredado en su fuerza.
Hoy amanece mustio, callado.
Como si fuese una carta
en el fondo de un buzón olvidado.

Rafa Marín

Tus ojos

Miro el silencio de tus ojos,
pulido cristal que iriséa meloso.
Ayer que eran el bullir infatigable,
la primaveral colmena
que no tuvo tiempo para el ocio;
se ha vuelto ámbar.
Tú mirar es un testigo sincero,
el resplandor viejo del oro.

Rafa Marín

Petreas soledades

Sobre las petreas soledades
de las angostas quebradas,
retumba insistente el frío invierno.
Miro a la profunda sima
que reclama mis duros huesos.
Seré una vez más pasto y carroña;
camino solitario
hacia el horizonte eterno.
Ya las sombras sobrevuelan,
en el azul se pintan de negro

Amanecer

Se entreteje el amanecer
sobre la ribera y los juncos,
un tornasol que entre brillos
y verdes se muestra puro.
Hay en el rebalso un fluir acuoso
que despierta mis suspiros,
piedra bañada de niebla y tiempo;
recuerdo de los días oscuros.

Rafa Marín