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domingo, 29 de abril de 2018

El camino (relato corto)

La llanura se extendía como un lienzo verde salpicado de rojos. El joven, algo desgarbado, caminaba por el polvoriento y solitario camino; una línea amarilla y recta, infinita ... iniciatica. Aún se le despertaba una sonrisa al recordar aquella lejana mañana de un domingo triste, su padre, esperaba sereno el eterno descanso. Abotargado por la morfina que apenas amortiguara el dolor, le llamó a su lado. Muchacho ... musitó; he intentado, lo juro, ser cada día un buen padre. Te mostré mis ideales y ahora que me voy, quiero darte un último consejo: sal al mundo, busca en tu interior un camino y siguelo. La verdad, es que fue tan padre como lo es un anónimo donante de esperma, pero dado el trance, no vio la necesidad de reprocharle la mala vida que llevó y que él sufría, a sus 14 años, añoraba sentir un abrazo y la protección que nunca recibió. Lo inevitable sucedió y lloró, no por su padre, sino por el desamparo en el que se encontraba, sin familia, sin recursos, con 2 billetes de 100 y sólo ... Se escabulló del hospital, sorteando a la señora de los servicios sociales y se alejó calle abajo, de aquel día habían pasado ya 4 años; recordó cada farola y cada árbol que quedó atrás en su caminar sin un destino. A lo lejos vio un gran árbol solitario, esto lo animó, a su sombra encontraría refugio, la llanura no daba protección y la noche se presumía fría y quizás lluviosa. Al pie del árbol, reunió madera y hojas secas, prendió un pequeña fogata, rebuscó en la mochila y con sus habitual optimismo pensó ... sigues vivo, si, se contestó, sigo vivo. Bebió un poco de agua, cortó un trozo de tocino y sobre una sartén entre roñosa y limpia esparció grasa para freír su parco alimento. La noche, aunque fría no trajo nubes ni lluvia, pero si un cielo tan lleno de estrellas que le hizo sentirse pequeño, diminuto, desechable. A la luz de la fogata escribió unas notas en su único amigo, el ya ajado cuaderno. El amanecer le trajo el canto de los pájaros y la posibilidad de desayunar unos huevos, se sentía feliz. Desayunó huevos, 6 preciosos huevecillos y otro trozo de tocino, junto con un poco de café. Recogió todo, apagó la fogata, miró al Camino, y silbando continuó su camino. La mañana dejó paso a un atardecer bucólico y cuando ya pensaba en buscar un sitio donde pasar la noche, vio el carro y los bueyes y a una mujer que cargaba haces de hierba sobre la plataforma del carro. Se acercó haciendo ruido, la mujer levantó la mirada, le había visto, levantó una mano y saludó. Se acercó sonriendo y saludó, mantenía la distancia, no quería asustarla, su experiencia así lo aconsejaba. La mujer se acercó, el sudor marchaba sus ropas y tenía la cara colorada ... me vendría bien un poco de ayuda, le dijo. Qué tal dispuesto Estás? Él, se desprendió de la mochila y en silencio fue cargando hierva, al poco, la mujer soltó una carcajada. Sabes chico ... te pareces a mi hijo, anda para, por hoy ya está bien. Subieron al carro y la mujer empezó a preguntar; dónde, cuándo, cómo ... por qué. El chico, la miraba sonriendo y contestaba con evasivas y vaguedades. Llegaron a la casa, ella le dijo que durmiera esa noche allí, que necesitaba un empleado y que podía quedarse un tiempo. El la miró, y con una sonrisa le contestó. Me gustaría, pero al morir, mi padre me dio un consejo, fue lo único que hizo por mí; tengo que encontrar mi camino y seguirlo hasta el final.
Fin

Rafa Marín

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