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martes, 16 de octubre de 2018

La dama y el corsario. Acto 1; escena3°

La dama y el corsario.
Acto 1, escena 3°

La joven desde su alcoba contempla la tempestad y cree ver un barco a la luz de los rayos.

Se sienta frente al espejo...murmura.

Viste aya, el azul frío de su mirada, viste como se volvió fuego.

El aya.
No vi nada niña, pero puedo imaginar como tornan su mirada los hombres ante una presa.

La dama.
¿Crees mi fiel custodia que vendrá a Cádiz por mí?

Aya.
La locura de la lujuria, a muchos necios hizo matar.
Se va el aya.

La dama se tumba en un diván y piensa en el corsario...recita.

Que dulce imagino el amor en su boca;
tierna fantasía de humedad y caricias,
que en sus manos es el jardín de las delicias,
cada vez que sus osados dedos me rozan.

Así penan mis sentidos que no lo nombran;
aquí callados mis brazos y pecho que lo atraerían,
para sentir de él el placer que se hace avaricia,
cuando su cuerpo a mi cuerpo sin medida toma.

No me queda más que amores tener que imaginar,
porque presa del celo de mis padres este fortín me huarda,
junto a una aya, que es más vieja que sabia y no sabe hablar.

Y lo digo con mi boca, no me importa que mi alma arda,
con tal de sentir en mi ser el suyo y que me haga gozar,
hasta que la noche olvide la luz de las estrellas y el sol nazca.

Rafa Marín

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