que es saludo y adiós,
entre los trozos abiertos
de túneles y brillos del sol.
No hay vuelo de gaviotas,
no picados de cormorán,
sólo la límpida plata,
aguas de espuma y sal.
El silbido ahogado que queda
impregnando los muros negros
siempre bañados de oscuridad.
No hay más que sueños perdidos
en otro mar que se llamó dolor.
La grandeza pequeña queda ente
ante ese cotidiano ver
que nunca el tiempo las medra.