lunes, 16 de mayo de 2016

No hubo niño de mono azul


No hubo niño de mono azul,

ni príncipe ni mendigo,

ni cabellos dorados al viento.

Fueron tres días de luz y oscuridad

sin las cálidas arenas de un desierto.

Una cuneta embarrada y el trasegar

de miles de voces y mi silencio.

Fue una sonrisa que me miraba

atraída por mis callados lamentos,

un susurro que me decía,

tranquilo que ya eres nuestro.

Barro sentía en mi boca

y barro mis manos asían.

Carretera tan transitada

y sus cielos de aviones llenos.

Abrazado allí me sentía

como los muertos del cementerio,

por esa tierra ajena y fría

que maternal arropaba mi cuerpo.



Rafa Marín

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